La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí


El pueblo arrebatará el poder al PCC cuando tenga una idea precisa de lo que vendrá después

Desde la oposición debemos tener la inteligencia de no ver a las FAR o la policía como un monolito sino por el contrario, buscar como una parte de esa fuerza se pueda sumar a la democratización del país. En todo caso, en las condiciones actuales de Cuba son los sectores moderados dentro del régimen los que pueden impulsar un cambio

24 Ene 2024
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Imagen © CiberCuba

Respuestas de Alberto Guadalupe al dossier de Cuba Próxima titulado «Hará falta construir un puente hacia la libertad», coordinado por Lennier López, donde también participan Elena Larrinaga, Frisia Batista, Michel Fernández, Ileana de La Guardia, Manuel Cuesta Morúa y Diana Mendiluza.

1- La estrategia Shanti impulsa una agenda que pretende solucionar, de manera pacífica, los obstáculos que actualmente dificultan la convivencia cubana y la posibilidad de una sociedad y un Estado democráticos. Lo sostiene en la necesidad de revertir la violencia social e institucional, incluso cultural, por medio de una «ciudadanía cívica» en pro de la «paz necesaria». Esto, de acuerdo con un criterio legítimo de soberanía que refrenda el ejercicio irrestricto de todos los derechos de la dignidad humana en todo el territorio del país por todos los cubanos. ¿Qué opina usted?

Ante todo, me parece importante observar hasta qué punto la violencia ha acompañado la construcción de la nación cubana desde sus inicios. De otra manera no se puede entender la actitud de la sociedad ante lo que ha sido el castrismo supuestamente revolucionario en los últimos 64 años.

La sociedad cubana emerge del encuentro violento entre españoles y las poblaciones originarias de la isla. Nuestra acta de nacimiento es un genocidio que condujo a la dominación española en Cuba, el asentamiento de una sociedad esclavista que sometió a cientos de miles de africanos con un aumento significativo de sus números en el siglo XIX justo antes del momento en que las elites empiezan a plantearse seriamente la necesidad de la independencia de Cuba, una isla que la metrópoli llamaba la «siempre fiel».

No se puede negar tampoco que nuestras guerras de independencia fueron también guerras civiles puesto que buena parte de las tropas fieles a la corona estaban conformadas por los Cuerpos de Voluntarios, ósea cubanos que defendían la permanencia de Cuba en el Reino de España.

Nuestro segundo nacimiento, esta vez como país, es el resultado en gran parte de un conflicto fratricida.

Esos conflictos de la sociedad colonial siguieron marcando la vida política en la Cuba republicana con episodios sangrientos y de suma violencia política como la masacre de los independientes de color, la revolución de 1933 y la revolución cubana de los años cincuenta, consecuencia de un golpe de Estado. De ahí surge el castrismo, de una sociedad cuya violencia intrínseca no pudo soportar la Constitución de 1940 más de doce años. De ahí también que durante mucho tiempo y en el contexto de la Guerra Fría la resistencia al castrismo se caracterizara por intentos armados ya sea en Bahía de Cochinos o en el Escambray. El castrismo por su parte, en su construcción totalitaria, ha desarrollado dentro de la sociedad un léxico del sacrificio, de la muerte, de la lucha, de la deshumanización del «enemigo», que hace que generaciones enteras de cubanos han crecido en una sociedad donde la lucha y el vencer al que piensa diferente es la única manera de vivir.

A ciencia cierta el castrismo es la síntesis más absoluta de la violencia política que nos ha compuesto como sociedad y lo resumió formidablemente en su lema de «Patria o Muerte».

En mi opinión la audacia de Shanti reside en la voluntad de romper el ciclo secular de violencia que nos ha forjado como nación. Es una tarea difícil que implica mirar de frente a todo este pasado para comprender nuestro presente, identificar los avatares de violencia que nos aquejan hoy y comenzar a construir un futuro basado en la justicia más que en la venganza permanente de los que dominan hoy sobre los que dominaron ayer.

2- Un nuevo texto constitucional democrático suprimiría el contenido del actual artículo 5 e incorporaría el pluralismo político como derecho. Sin embargo, ello sólo podría resultar de un proceso constituyente con participación de todos los sectores socioeconómicos y las distintas posiciones políticas y corrientes de pensamiento, incluida la diáspora, a través de dinámicas libres, plurales y democráticas, de genuino diálogo y concertación. Lo cual será imposible sin el inicio previo de una ruta democratizadora que facilite el ascenso de estos sectores sociales, económicos y políticos. Para ello, algunos sugieren comenzar por la modificación de ese quinto artículo de la presente Carta Magna, que quizá podría quedar de este modo: «la ciudadanía, en el ejercicio de la soberanía popular, puede organizarse políticamente, según preferencias, para trabajar por los fines establecidos en esta Constitución». ¿Qué sugiere usted?

Los fines establecidos en la Constitución vigente no son precisamente ni la construcción de una sociedad democrática ni el respeto irrestricto de los Derechos Humanos, con lo cual si solamente se modifica este artículo esta formulación puede parecer insuficiente. Es menester que este nuevo artículo consagre explícitamente la diversidad política en Cuba. Una propuesta podría ser: «La República de Cuba garantiza la libertad de asociación con el fin de que los ciudadanos puedan organizarse en asociaciones y partidos para ejercer su soberanía y desarrollar la democracia a través de las instituciones del Estado.»

En cuanto a la constituyente es difícil anticipar cuáles serán las condiciones concretas del país en el momento de la transición y por tanto saber si esta sería viable o no. Una constituyente no es per se una garantía de consenso ya que la mayoría de la asamblea puede llevar a imponer un texto que desconozca por completo los derechos y aspiraciones de una minoría. Fue de cierta manera lo que pasó en Chile en el proceso constituyente llevado a cabo en 2022. Las constituciones están ante todo para que, dentro de una sociedad diversa y plural, mayorías y minorías se respeten y puedan convivir. Esto implica que la mayoría autolimite su poder, cosa que no siempre está dispuesta a hacer.

Más allá de la forma, lo que parece esencial es que haya una voluntad de consenso dentro de las fuerzas políticas que componen la sociedad cubana para hacer posible que cualquier cubano pueda ejercer sin temor su ciudadanía en Cuba mientras respete los principios de la democracia. En los últimos 70 años Cuba a desconocido por completo el funcionamiento de la democracia; en tanto, ¿estará lista la sociedad para llevar a cabo una discusión tan técnica? Lo que realmente importa es que el texto refleje la diversidad que compone a la sociedad cubana y que esta pueda vivir en paz.

Por último, la diáspora (que representa un tercio de los que de una u otra manera se pueden considerar cubanos) cargará con una gran responsabilidad en medio de este proceso. Esta parte esencial de la sociedad cubana que tanto ha hecho y hace cotidianamente por el país no puede seguir siendo excluida de su vida política. Buena parte de ella vive en países con una fuerte tradición democrática donde a pesar de todas las imperfecciones propias de cualquier sistema político, el debate político existe y los diferentes sectores de la sociedad se encuentran representados en las instituciones. Esta experiencia será muy valiosa en el momento de esbozar nuevas instituciones que garanticen una democracia naciente. Sin embargo, la diáspora no puede pretender que esa experiencia le otorgue total legitimidad para imponer un modelo al resto de cubanos sin que se busque el consenso.

3- ¿Sería posible algo así? ¿Qué sectores y actores significativos podrían proponérselo y cómo avanzar en ello? ¿Y el oficialismo actual?

La situación política, económica y social es tan explosiva que en cualquier momento puede surgir un estallido social como el que conoció el país en 2021. Ese es un factor que no lo puede anticipar ni el oficialismo ni la oposición. Por otra parte, el Gobierno cubano ha mostrado tanta incompetencia que sus socios dentro de la comunidad internacional ya no están tan dispuestos a tomar el relevo de la URSS o de Venezuela; de ahí no les vendrá la salvación. Ósea que la necesidad de cambios en el régimen es ineluctable. Falta definir cuán profundo serán esos cambios y hasta qué punto el oficialismo los impulse.

El oficialismo piensa disponer de la lealtad del ejército y la policía. Sus miembros siempre gozaron de un mejor estatus social que el resto de la población. Sin embargo, en los últimos años sus prebendas han ido disminuyendo hasta el punto en que hoy no viven mucho mejor que el resto de la población. Sin hablar de la corrupción cada vez más presente en el seno de la policía que los convierte en blanco fácil del descontento popular. Podríamos además preguntarnos ¿cuán leales son estos cuerpos hoy en día?, ¿estarán dispuestos a sacrificarse por gente completamente desconectada de la realidad social del país?

El papel de estas dos instituciones es esencial porque son las que hoy mantienen por la fuerza el régimen a flote. No se puede olvidar tampoco el peso particular que tiene en la economía cubana el ejército y en particular Gaesa. El nudo gordiano del ejercito terminara zafándose por aquellos que dentro de la institución no se benefician de las actividades de estas empresas.

Desde la oposición debemos tener la inteligencia de no ver a las FAR o la policía como un monolito sino por el contrario, buscar como una parte de esa fuerza se pueda sumar a la democratización del país.

En todo caso, en las condiciones actuales de Cuba son los sectores moderados dentro del régimen los que pueden impulsar un cambio donde puedan sobrevivir a la ola devastadora que supondría para ellos un estallido social que derroque al régimen súbitamente.

4- El artículo 3 de la Constitución de la República de Cuba establece que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado. Sin embargo, el artículo 5 impone al PCC como fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado. En tal sentido, según este esbozo el poder descansa en la ciudadanía, pero el PCC está por encima de ella. Es decir, estamos ante un galimatías siniestro. ¿Quizá debemos restablecer la igualdad política, los derechos y el pluralismo políticos? ¿Qué más puede hacer la sociedad civil cubana que no haya hecho ya y en que estrategias debe seguir insistiendo?

La sociedad civil cubana tiene mucho por hacer. Hay combates que ha asumido desde hace mucho tiempo como la defensa de los presos políticos, la denuncia de las violaciones a los Derechos Humanos o la promoción de una apertura democrática dentro de la isla. Estos combates no solo son legítimos, sino que forman el corazón de la democracia que queremos para el país. Sin embargo, no podemos quedarnos en estos combates que pueden parecer abstractos al ciudadano de a pie que acaba de hacer una cola de ocho horas para poder llevar un pedazo de pollo a la boca de su hijo. El descontento social contra el régimen ya está ahí, pero la principal preocupación de los cubanos es como mejorar la caótica situación en la que están y la idea de democracia no llena el plato.

Lo que si puede hacer la sociedad civil es proponer soluciones concretas que se adapten a la situación económica actual del país. Nuestros compatriotas tienen que darse cuenta de que existe un proyecto social que se preocupa por sus necesidades actuales y que, en caso de un cambio, no habrá vacío de poder ni se generará aún más caos del que ya existe. Debemos lograr que la gente esté dispuesta a gritar «viva la democracia» más allá del «abajo la dictadura».

Otra cosa que debemos desarrollar es el hecho de insertar a la sociedad cubana en los temas que preocupan hoy al resto del planeta. El cambio climático, la adaptación del país a esta nueva realidad, el lugar de las mujeres dentro de nuestra sociedad más allá del falso feminismo practicado por el castrismo desde sus inicios, la abolición de la pena de muerte, los derechos laborales cada vez menos presentes en el cotidiano de los cubanos, el posicionamiento de Cuba en el nuevo contexto geopolítico; todos estos son temas que mueven a la opinión pública tanto en Cuba como en el resto de países occidentales de los cuales vendrá el apoyo a una eventual democracia.

Es cierto que existe el artículo 5 pero es más cierto todavía que la soberanía reside en el pueblo, quien sabrá arrebatársela al PCC cuando tenga quizás una idea más precisa de lo que vendrá después.

SOBRE LOS AUTORES

( 2 Artículos publicados )

Miembro de la Asociación Francia por la Democracia en Cuba. Master en Administración Empresarial por la Kedge Business School.

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