La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

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¿Hay soluciones pacíficas a la crisis cubana?

05 Ene 2023
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Imagen © AP

Texto de Vegard Bye publicado por Azulypunto

La profundidad de la crisis actual

Puede discutirse si la crisis actual de Cuba es más o menos grave que la crisis del «Período Especial» de la década de los noventa, a raíz de la caída de la Unión Soviética.

En términos económicos, basado en una comparación estadística minuciosa, Carmelo Mesa Lago llega a la conclusión de que la situación actual «se asemeja a la de esos años terribles» (Mesa Lago, 2022). La caída del PIB de 10,9% en 2020 —luego de un virtual estancamiento durante los cinco años anteriores— es la mayor después de la contracción de 14,9% en 1993, el peor año de la crisis de los noventa. La proyección es que el PIB de 2019 —ya muy bajo― no se recuperaría hasta 2024-2025. El índice de la producción industrial en 2021 era 45,2% por debajo del nivel de 1989, y la elaboración de productos alimenticios solo llegó a la mitad. El valor de las exportaciones en 2021 era 67% menor que en 1989 y 63% inferior a 2013. El ingreso en divisas, contando las tres fuentes principales, cayó dramáticamente entre 2018 y 2021: exportación de servicios (principalmente de salud y educación) con 67%; remesas familiares con 71%; y turismo con 85%. 

Sin contar con datos actualizados sobre la profundidad de la crisis social actual comparada con el período especial, es muy probable que no sea menor, y que la disparidad de ingresos probablemente sea mucho mayor. 

En términos políticos, puede argumentarse que la crisis es peor. En primer lugar, se siente muy claramente la falta de un líder carismático como Fidel Castro, que logró, casi misteriosamente, salvar al régimen cubano cuando la mayoría de las repúblicas socialistas colapsaron. En segundo lugar, gran parte de la población actual no tiene memoria de la situación anterior a 1959 ni de «los logros de la Revolución», que probablemente inyectó una gran dosis de paciencia a la población durante el Período Especial. Al contrario, los jóvenes de ahora han tenido una experiencia generalmente positiva con la relativa apertura económica y de relaciones con el resto del mundo (incluyendo a Estados Unidos), que en gran medida se perdió. El resultado de ello se ve claramente en el nuevo éxodo masivo (mayoritariamente de jóvenes bien preparados) y en dos fenómenos hasta ahora desconocidos: protestas abiertas, y un comportamiento electoral a pesar de la falta de libertad real de voto, donde aumenta la abstención y el voto en contra de la posición oficial.

La suma de la insostenibilidad económica y la ilegitimidad política del régimen cubano actual es tal que la metáfora de Raúl Castro de «caer al precipicio» parece estar más cerca que nunca. Entonces la pregunta es: ¿qué soluciones pueden imaginarse a la crisis? En este artículo me limito a discutir soluciones a la crisis política, pero la relación y la interdependencia entre lo político y lo económico es evidente. 

La nueva sociedad civil: política desde abajo 

Durante los años de la presidencia de Raúl Castro, coincidiendo con las reformas económicas y el deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba (aproximadamente 2008-2016), en la Isla surgió una nueva sociedad civil, que ya había comenzado a emerger más tímidamente a través de las iglesias en la década de los noventa. El elemento tal vez determinante fue la gradual apertura a internet y el acceso a los teléfonos inteligentes (smartphones), lo que en realidad llevó a un debilitamiento del monopolio de información por parte del régimen. 

Ocurrió una rápida expansión de los medios sociales y el surgimiento de un periodismo independiente. Comenzó a aparecer una miríada de agentes de información alternativos, promotores de transformaciones políticas pacíficas. Académicos e intelectuales lograron, si bien a duras penas, un espacio mucho más autónomo para el debate crítico de las opciones de desarrollo alternativo, y también consiguieron canales para transmitir esos pensamientos a los miembros del sistema. Hoffmann (2016) afirma que la política cubana en ese período experimentó un gran cambio a pesar de la retórica de la continuidad, que permitió el surgimiento de una nueva sociedad civil. 

Junto al debilitamiento del monopolio informático, impactó mucho la liberalización de los viajes y la migración, con su efecto transformador en las relaciones Estado-ciudadano, y el fortalecimiento de un sector no estatal, sobre todo con la masificación de los trabajadores por cuenta propia (cuentapropistas). 

En la realidad, el control total sobre los ciudadanos por parte del Estado y el Partido Comunista de Cuba (PCC) se redujo drásticamente. Surgió lo que puede llamarse «la política desde abajo», con actores distintos de los grupos disidentes más tradicionales de derecha que habían apoyado una política estadounidense de cambio de régimen. 

A partir de 2016 y sobre todo con la nueva confrontación por parte del presidente Trump cuando asumió en 2017, el espacio de esta nueva sociedad civil volvió a estrecharse, también para aquellas voces que argumentaron por un diálogo nacional en lugar de una confrontación abierta. Aunque el Gobierno parecía bastante impotente en sus esfuerzos por frenar la «sociedad civil virtual», es decir, la información y el debate alternativos que involucran a un número cada vez mayor de personas, en particular a los más jóvenes, la contrarreforma que en la realidad se consolidó con el Séptimo Congreso del PCC en abril de 2016 complicó seriamente cualquier oportunidad de iniciar un diálogo sobre una transformación negociada. El PCC rechazó rotundamente el surgimiento de una contraparte con la cual dialogar. 

Con esa contrarreforma, muchos de los nuevos y jóvenes actores perdieron toda ilusión de transformaciones pacíficas. Gran parte de ellos emigraron, atrincherándose sobre todo en «la segunda Cuba» de Florida, donde en gran medida se juntaron a la oposición tradicional y radical. 

Sin embargo, a pesar de las nuevas limitaciones, no se logró parar a todos los actores pro reformas que habían surgido en la época anterior. Durante la discusión de una nueva constitución cubana, las iglesias iniciaron una dura campaña abierta en contra de la propuesta de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, dando origen también a una contracampaña de la comunidad LGBTI. Cuando el Gobierno se percató de lo controvertida que era la disposición, la Asamblea Nacional la eliminó de la versión final de la nueva Constitución (para más tarde reintroducirla en un nuevo Código de las Familias). Voces fuertes de empresarios privados lograron limitar nuevas restricciones contra su espacio de operación; los taxistas de La Habana hicieron una huelga presionando exitosamente a las autoridades a no impedir su acceso a precios más bajos de combustibles (a través del mercado negro); y los defensores de derechos animales obtuvieron un compromiso del Gobierno para promulgar una ley de protección animal (Decreto-Ley no. 31/22 «De bienestar animal»). 

Estos y otros ejemplos tienen mucho en común: el Gobierno trató de aplacar a los manifestantes en lugar de reprimirlos, aunque los líderes de las protestas han denunciado acoso posterior por parte de la policía. La relativa tolerancia del Estado hacia estos grupos de intereses especiales contrasta marcadamente con la dura represión preventiva que generalmente despliega contra los disidentes tradicionales, presumiblemente porque los nuevos grupos no desafían los principios básicos y los fundamentos políticos del régimen. 

Esa flexibilidad cambió con las protestas de los artistas, provocadas por el llamado Decreto no. 349, una nueva ley que requiere que los artistas, músicos e intérpretes se registren en el Estado, pidan autorización para organizar eventos, y paguen una comisión del 24% sobre sus ganancias en eventos privados. Los artistas temían un retorno a la fuerte censura estatal de los años setenta. La comunidad artística comenzó a movilizarse a través de las redes sociales. 

Al principio, el gobierno fue conciliador, suspendiendo la implementación del Decreto y prometiendo modificarlo. Pero el movimiento de protesta siguió creciendo y ampliándose a nuevos grupos. 

En esta situación se destaca el Movimiento San Isidro (MSI), que toma su nombre del barrio popular de La Habana Vieja donde ese colectivo tenía su residencia. Es un grupo de artistas disidentes hip-hop que provocaron al gobierno con una serie de protestas creativas, combinando su activismo político con intervenciones artísticas. En noviembre de 2020 el rapero Denis Solís, uno de los miembros de la agrupación, hizo público a través de una transmisión por Facebook el momento en el cual se enfrenta a un oficial de policía, diciéndole que no tenía derecho a entrar en su vivienda ni a hostigarlo. Días más tarde, Solís fue detenido por funcionarios de seguridad, sometiéndolo a un proceso judicial bajo el cargo de desacato, que culminó con la condena a ocho meses de prisión y su posterior traslado a un centro penitenciario de máxima seguridad. Todo eso provocó una serie de protestas tanto en el interior como en el exterior de la Isla. Otros miembros del MSI iniciaron una huelga de hambre, a la cual se sumaron otras figuras públicas del arte y la cultura opositoras, entre los que destacan el periodista Carlos Manuel Álvarez. Ello liderado por el artista y activista político Luis Manuel Otero Alcántara. 

Coincidiendo con estos acontecimientos, un grupo de conocidos músicos cubanos lanzó la canción Patria y Vida ―en alusión a la consigna revolucionaria Patria o Muerte―, con letra que rinde homenaje al MSI. Patria y Vida se convirtió en el gran eslogan de los jóvenes opositores, tanto en Cuba como entre los cubanos en el exterior. 

El 27 de noviembre de 2020, la detención de catorce huelguistas del MSI y la interrupción del acceso a las redes sociales en toda la Isla desencadenaron una manifestación espontánea en el Ministerio de Cultura de unos trescientos artistas de diversas ideologías, incluyendo algunos muy reconocidos por el gobierno. Ese grupo, posteriormente nombrado Movimiento 27N, logró incluso que un viceministro se sentara a dialogar, prometiendo concesiones que rápidamente fueron retiradas. 

En abril de 2021, vecinos del barrio San Isidro de La Habana impidieron la detención de otro rapero activista del MSI, Maykel Osorbo, en medio de consignas antigubernamentales y coreando la canción Patria y Vida, en cuyo video participa el propio Osorbo.

La culminación de esa generación de protestas ocurrió con la movilización espontánea y masiva en todo el país el 11 de julio de 2021 (11J). El presidente Miguel Díaz-Canel, totalmente sorprendido y aparentemente con gran miedo a perder el control de la situación, llamó a los leales a tomar las calles y defender la Revolución, lo que provocó violentos enfrentamientos con los manifestantes. Tras dos días de protestas, la policía arrestó a unas 1300 personas y negó la salida a la calle de muchos más. Internet fue constantemente interrumpido. Se creó un ambiente de terror en la población, sobre todo entre los jóvenes urbanos. 

En un intento de capitalizar la movilización del 11J, un grupo de artistas creó un grupo de Facebook llamado Archipiélago, pidiendo permiso para hacer nuevas manifestaciones el 15 de noviembre (15N) de 2021. El gobierno rechazó las peticiones con el argumento de que las protestas tenían como objetivo el cambio de régimen, lo que representaba una violación a la premisa constitucional de que el sistema socialista de Cuba es «irrevocable». El gobierno mostró su fuerza parando las marchas anunciadas, tildando a los organizadores de agentes extranjeros, y deteniéndolos. Cuando llegó el día, nadie más apareció a la hora señalada para marchar. 

La gran pregunta, de suma importancia estratégica, es qué causó ese fiasco del 15N. ¿Fueron las amenazas del Gobierno o la falta de apoyo o interés entre la población? Si bien fue una combinación de esos dos factores, no puede evitarse la pregunta sobre la motivación de la reacción popular, entre protesta política y el enojo por la escasez de alimentos, la falta de electricidad, la propagación de Covid-19 y la aparente incapacidad del Estado para resolver estos problemas. LeoGrande (2022) considera que existe una diferencia de percepciones, que «refleja las diferentes experiencias de vida y prioridades de la emergente clase media joven y educada de Cuba, por un lado, y la clase trabajadora que lucha por sobrevivir con los salarios del sector estatal por el otro».

De todas formas, la falta de respuesta el 15N muestra que la movilización a través de las redes sociales, sin un claro liderazgo, por ahora no es suficiente para causar un levantamiento popular en Cuba. Ese tipo de movilización puede provocar una protesta, pero difícilmente ofrecer una respuesta por sí misma a la crisis. Es por lo que hace falta construir las condiciones para dialogar

La represión que siguió al 11J y el 15N fue masiva. Así lo documentó el Informe de HRW publicado en el aniversario del 11J en 2022,  donde se da testimonio de una amplia gama de violaciones de derechos humanos cometidas en el contexto de las protestas, incluidas detenciones arbitrarias, y procesamientos plagados de abusos y tortura. La represión del gobierno y su aparente falta de voluntad para abordar los problemas subyacentes que llevaron a los cubanos a las calles, incluido el acceso limitado a alimentos y medicamentos, han generado una crisis de derechos humanos. El número de presos políticos llega a casi 1000 personas, algunos con condenas hasta de 25 años. 

Aumentó drásticamente el número de personas que abandonan el país. Se estima que durante el año 2022, la cantidad de inmigrantes cubanos a Estados Unidos sobrepasó los 200 mil, el mayor número anual de ingreso de inmigrantes cubanos al vecino del norte (Mesa Lago, 2022). 

La mayoría de los activistas del MSI y otros que tuvieron un papel destacado el 11J ya se encuentran entre los presos políticos, mientas otros lograron viajar al exterior. Con el encarcelamiento masivo de los activistas, y el éxodo históricamente grande de los jóvenes con formación académica y capacidad organizativa, el gobierno parecía haber pacificado el país. El control de las calles no es total, pero las protestas espontáneas en contra de los apagones a finales de septiembre de 2022 fueron rápidamente controladas con un corte generalizado de internet y el despliegue y patrullaje de vehículos de policía y militares.

Otra vez, como tantas veces en la historia de la Revolución, la oposición se ha exiliado. El exit ganó a la voz, en términos de Hirschman (1970). Por eso, es desde el exilio que vuelven a organizarse, con tres demandas principales: liberación de los presos políticos, respuesta a la crisis humanitaria y un diálogo para democratizar el país. 

A las reacciones de protesta y éxodo hay que añadir una tercera respuesta de la población a la crisis actual de legitimidad: el comportamiento electoral. Históricamente, y como claro reflejo del sistema autoritario, la inmensa mayoría ha votado a favor de la voluntad del Partido único y el gobierno. En las elecciones parlamentarias de 2008, solo el 3% de los votantes se abstuvieron. En 2018, ese porcentaje subió a casi 15%, y en las elecciones municipales de noviembre de 2022 a 31%, más 11% de votos blancos y anulados. En el referendo sobre la Constitución en 1976, casi un 98% votó a favor. Cuando la nueva Constitución fue sometida a referendo en 2019, la cifra comparativa fue de 22% (sumando 10% de abstención, 8% NO, y 4% de votos blancos y anulados). En septiembre de 2022, hubo un acontecimiento histórico en el comportamiento electoral de la Revolución cubana: si bien el nuevo Código de las Familias fue aprobado por un 67% de votos positivos en otro referendo, sumando el 33% de votos en contra con la abstención del 26% más los votos nulos o anulados, la ley fue aprobada por apenas 46,70% de la población cubana con derecho al voto. 

La necesidad de dos diálogos paralelos

La crisis cubana clama por dos diálogos paralelos: entre el Gobierno cubano y su propia población, y entre los gobiernos de La Habana y Washington. Lo primero es vital para restaurar un mínimo de confianza y legitimidad entre gobernantes y gobernados, y para poner sobre la mesa los reclamos indiscutiblemente legítimos de la población, tanto económicos como políticos. Lo segundo representa la única salida de la crisis económica cubana. Pero la pregunta es si hay quién quiera dialogar, cuál sería la agenda, y sobre todo cuál puede ser el proceso para llegar a las dos mesas de diálogo. La resistencia de las tres partes hasta ahora ha obstaculizado todo ese proceso.

El papel del Gobierno cubano

A pesar de enfrentar la que posiblemente sea la crisis más profunda en la historia de la Revolución, de momento no parece existir la más mínima voluntad política para reconocer y sentarse con representantes de la población que no sean de su propio aparato político. La pregunta es hasta dónde tendrá que empeorarse la situación para que el gobierno se disponga a dialogar. 

Hay dos factores que quizá puedan impactar para acabar con esa intransigencia. El primero es el hecho de que la izquierda latinoamericana se está moviendo decididamente hacia posiciones democráticas y contraria a los autoritarismos. Con las elecciones en Chile, Colombia y Brasil durante 2022, Cuba se encuentra cada vez más distante políticamente de la nueva ola izquierdista en la región, en compañía autoritaria solo de Venezuela y Nicaragua. Si también se lograra un arreglo entre Gobierno y oposición en Venezuela, será todavía más difícil para Cuba mantener el rechazo a una apertura. Tampoco tendría mucho que esperar de la coyuntura actual que atraviesan países como Rusia y China. En esta circunstancia, una iniciativa de los gobiernos, partidos y líderes izquierdistas de América Latina, viejos aliados de Cuba, debería poder tener algún impacto a favor de una flexibilización de las posiciones en La Habana. A tal iniciativa deberían juntarse los sindicalistas, invitando a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) a colaborar con la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas (CSA). 

El incentivo probablemente más atractivo para que La Habana se muestre más flexible sería un proceso hacia la normalización en las relaciones con Estados Unidos. La posición oficial cubana plantea que puede negociarse cualquier tema, siempre y cuando no haya injerencia extranjera en los asuntos internos cubanos. En la realidad, todo el mundo sabe que la posición dura norteamericana, que hasta hace poco no cambió mucho entre las administraciones de Trump y Biden, solo comenzaría a suavizarse si hay reformas en Cuba. El problema es cómo obtener un paralelismo entre cambios en La Habana y cambios en la política estadounidense. 

El papel de Estados Unidos

Lo que al fin y al cabo permitiría un cambio en la política hacia Cuba es que puedan constatarse cambios significativos en la Isla en lo económico, pero sobre todo en lo político. Es una situación espejo a la que encontramos en La Habana: cambios en Cuba dependen de cambios en la política estadounidense. La pregunta es ¿quién se mueve primero?, o mejor: ¿cómo lograr una dinámica paralela? 

Hay un factor nuevo ahora: la política estadounidense hacia Cuba siempre se ha caracterizado como un aspecto de la política doméstica, concretamente ha formado parte de la batalla electoral por Florida como swing state, donde los cubanoamericanos tienen un lobby tremendamente fuerte. Para los demócratas, siempre se ha considerado imprescindible ganar Florida, y ajustar «la política cubana» a lo que dé más votos. Con la última elección de medio término en noviembre de 2022, Florida ya puede considerarse perdida por los demócratas en lo inmediato. Según William LeoGrande (2022): por primera vez en muchas décadas, los demócratas pueden dejar de formular su política hacia Cuba como un tema de política doméstica, o sea, ganar Florida. 

Un segundo factor es la relevancia de la nueva ola izquierdista en América Latina. Ya puede considerarse tan importante para la administración Biden, como en su época fue para Obama, cambiar la política hostil hacia Cuba para quedar bien con gobiernos latinoamericanos que reclaman el fin del embargo. Los mensajes de los líderes de la región son igualmente claros ahora. El reciente nombramiento del ex-senador Christopher Dodd —un crítico histórico de la confrontación agresiva de Estados Unidos con la izquierda en América Latina— como asesor especial del presidente para las Américas puede ser un primer paso en esa dirección. 

Es tal vez por esa razón que últimamente hemos advertido señales muy cuidadosas de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos: la ayuda humanitaria de dos millones de dólares que EE.UU. concedió a Cuba a raíz del huracán Ian; la reciente negociación por un arreglo para normalizar las relaciones migratorias y el envío de remesas; y el acuerdo a punto de finalizarse entre Estados Unidos y Venezuela que puede depender de un activo apoyo cubano para que dé resultados. 

Si esos factores pueden considerarse positivos para una vuelta a la política cubana que caracterizó a la administración de Obama, hay un elefante en la habitación: Bob Menéndez, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, un Comité donde también se encuentran los cubanoamericanos Marco Rubio y Ted Cruz. Menéndez comparte posiciones radicales contra el gobierno cubano con esos y otros republicanos y, al mismo tiempo, es un político que posee relaciones muy estrechas con Biden, quien no puede arriesgarse a una confrontación con Menéndez. Por eso será importante que él forme parte de cualquier arreglo con Cuba. 

El surgimiento de una nueva sociedad civil pidiendo diálogo

Hasta ahora no han sido solo los dos gobiernos los que se han opuesto a dialogar. La posición de la gran parte de la oposición cubana, tanto en el interior como en el exterior, ha sido de rechazo a cualquier negociación con un régimen considerado dictatorial e ilegítimo. Los actores que durante varios años han argumentado a favor del diálogo han encontrado poco apoyo. 

Subiendo y bajando por una montaña rusa durante los últimos diez años y terminando como víctimas de una represión sin precedentes en Cuba, ya se reposiciona una nueva sociedad civil dispuesta a un diálogo enfocado en soluciones, principalmente organizada a través de la diáspora. Casi bajo el radar, resucitan una serie de iniciativas, y tal vez una plataforma mínima común, en proceso de conformarse como una expresión con legitimidad política. 

En septiembre de 2022 se anunció la conformación de la plataforma D Frente, «un frente democrático de concertación de actores civiles y políticos cubanos plurales, que tiene como objetivo central alcanzar la refundación de la República, orientados por la idea martiana de construir un país Con todos y para el bien de todos».

Desde su fundación, hay un número de organizaciones integrantes, que representan tres dimensiones diferentes de la sociedad cubana: 

Como expresión de los nuevos actores de protesta abierta, está el Movimiento San Isidro, con miembros del grupo que lograron salir al exterior, en representación de sus compañeros encarcelados. Dentro del mismo grupo puede incluirse la Asociación de madres y familiares de los presos políticos por la Amnistía, que representa alrededor de 1000 presos políticos a raíz del 11J y los actos represivos siguientes. También encontramos entre los fundadores al grupo Archipiélago, la red de actores culturales que nació con la acción masiva en el Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020.

Hay una presencia de los disidentes más tradicionales, a través del Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC), espacio fundado en 2021 por opositores y activistas de diferentes tendencias políticas. El coordinador es José Daniel Ferrer, el líder encarcelado de la Unión Patriótica, según el Departamento de Estado norteamericano «el mayor grupo de la oposición cubana» (que también considera a Ferrer «la cabeza visible del movimiento disidente»). 

Atrás de esos grupos, trabajando constantemente para promover un diálogo pacífico, está el grupo Cuba Próxima, liderado por Roberto Veiga, un abogado con una vasta experiencia de trabajo a favor de reformas pacíficas y un diálogo entre gobierno y sociedad civil. Cuba Próxima es la última expresión de iniciativas para encontrar nuevos espacios mientras se cierran los existentes. Ese trabajo comenzó con la revista Espacio Laical, promovida por el Arzobispado de La Habana, y después siguió con la organización Cuba Posible (ver Bye 2019, pp. 139-141). 

Lo nuevo con el grupo D Frente es exactamente la coincidencia entre esas tres tradiciones de la oposición cubana. Eso ha despertado bastantes expectativas en la prensa no oficial en Cuba. 

Todavía falta para dar más peso a ese grupo en la sociedad cubana con la integración de personalidades de la vida cultural, que tradicionalmente han sido considerados favorables al régimen o por lo menos no en contra, pero que últimamente se han expresado de forma más crítica, como los artistas Silvio Rodríguez y Leonardo Padura. 

¿Cómo desencadenar una serie de eventos que pueda acercar a las tres partes en los dos diálogos paralelos de los que hemos hablado?

Comparto algunas ideas para promover esa dinámica de diálogos que puede desbloquear el aparente impasse total existente en Cuba.

Hay dos desafíos inmediatos para la sociedad cubana que requieren una respuesta inmediata, que a su vez pueden desencadenar una dinámica constructiva: para aliviar la crisis de sobrevivencia popular, debe establecerse un corredor humanitario de envergadura. Paralelamente, la crisis política no se resolverá sin comenzar con la liberación de los presos políticos. Las tres partes (sociedad civil + gobiernos de Estados Unidos y Cuba) tendrían que encontrar una metodología mutuamente aceptable para atacar esas dos crisis inmediatas. 

El corredor humanitario, para tener legitimidad tanto en la población como en la comunidad internacional, no puede ser una responsabilidad exclusiva del gobierno cubano. Debe tomar como punto de partida los esfuerzos ya existentes en pequeña escala de la sociedad civil (los corredores España-Cuba, Miami-Cuba, etcétera), que ya están estableciéndose con las redes de familiares en Cuba. Debe estudiarse la posibilidad de expandir eso a través de un mecanismo humanitario internacional, y una red más amplia de familiares con parientes en el exterior. Tal vez pueden estudiarse mecanismos para socializar las remesas, para generar apoyo más allá de cada familia benefactora y beneficiar a la comunidad donde reside. Evidentemente tiene que existir un entendimiento entre el actor internacional y el gobierno, pero manteniendo cierta distancia con las estructuras gubernamentales y más bien canalizando la ayuda a través de las comunidades locales y las redes familiares. Si se logra abrir ese mecanismo, debe buscarse financiamiento de gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos. 

Al establecerse ese mecanismo humanitario, debe surgir otro canal para negociar la liberación de los presos políticos, comenzando con aquellos que no hayan estado involucrados en actos de violencia. Con la pronta visita a Cuba del cardenal Beniamino Stella, a lo mejor la Iglesia Católica y el mismo Papa están vislumbrando volver a jugar un papel en ese sentido. La ayuda humanitaria debe ampliarse en la medida que se logra la liberación de los presos.

El corredor humanitario debe vincularse a un instrumento interno: ayuda técnica a productores no estatales (incluyendo usufructuarios, cooperativas CCS) y la apertura para comercializar alimentos a través de redes no estatales (volviendo a la política de reducir el peso de los Centros de Acopio y abrir mercados mayoristas no estatales). Una idea a considerar podría ser el uso de los paladares también como comedores populares. Todo eso debe llevar al sector agropecuario a introducir una serie de medidas hacia la tan necesaria reforma agraria, en parte siguiendo propuestas ya señaladas en los «Lineamientos» introducidos en su momento por Raúl Castro, aunque nunca realizadas. 

Al involucrar a redes de familiares de presos, de familiares con parientes en el exterior, productores no estatales y cooperativas no estatales, paladares, etcétera, se podría expandir y legitimar la sociedad civil cubana, para posicionarse como un actor de diálogo con el gobierno cubano (una vez liberados los presos políticos).

Estas propuestas deben buscar apoyo proactivo y acompañamiento entre los gobiernos democráticos de izquierda de América Latina y sus partidos y movimientos de base, principalmente Brasil, Colombia, Chile y tal vez México. Junto a otros actores con relación de simpatía histórica con Cuba (también de procedencia de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y otros países europeos), deben apoyar un diálogo con el Gobierno cubano con el mensaje: «ya se acabó la era del autoritarismo, el socialismo de la actualidad y del futuro es democrático». Esos actores deben presentar una agenda más integral de reformas económicas y políticas (preparada por un equipo técnico de profesionales cubanos), paralelamente a una normalización de relaciones Estados Unidos-Cuba (preparada por diplomáticos de los dos países). La primera medida en ese sentido debe ser la de remover a Cuba de la lista de países terroristas. 

Hay que darse cuenta de que el tiempo es corto: la ventana de oportunidades puede cerrarse en noviembre de 2024, con las elecciones presidenciales de Estados Unidos y el posible regreso de un presidente republicano de extrema derecha. Si se piensa involucrar a la Unión Europea, la ventana puede estar abierta solo hasta la posible cumbre entre la UE y CELAC (Route, 2023), supuestamente bajo la presidencia española de la UE, que comienza en julio de 2023, y antes de las elecciones generales en España, previstas para octubre del próximo año. 

Conclusión

Si uno suma los factores económicos y políticos, la nación cubana pasa por lo que fácilmente puede considerarse la peor crisis después de la Revolución de 1959. La necesidad de buscar los dos diálogos paralelos, entre el Gobierno cubano y su propia población, y entre los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos, parece más obvia que nunca. Sin uno, no habrá otro. Las tres partes tienen que demostrar flexibilidad y pragmatismo, lo que seguramente requiere facilitación externa, sobre todo de otros gobiernos y líderes latinoamericanos. De igual forma, hay una interdependencia entre temas económicos y políticos a tratar en los dos diálogos. En este artículo se ha discutido la parte política. Sobre la parte económica, la conclusión de Mesa Lago en el artículo citado es igualmente clara: «exhorto a un diálogo nacional abierto, respetuoso y democrático para que la población discuta el cambio al modelo de socialismo de mercado». 

Debe haber una ventana de oportunidades para iniciar un proceso de diálogos. Es muy probable que esa ventana no se quede abierta por mucho tiempo. Alguien tiene que facilitar los primeros pasos, sin más demora. 

Referencias

Bye, Vegard: Cuba, from Fidel to Raúl and Beyond. Palgrave MacMillan, London, 2019.

Hirschman, Alberto O.: Exit, Voice and Loyalty: Responses to Decline in Firms, Organizations and States. Cambridge: Harvard University Press, 1970.

Hoffmann, Bert: «Bureaucratic Socialism in Reform Mode: The Changing Politics of Cubas Post-Fidel Era», in: International Political Science Review 30 (3, June), 2016, pp. 229-248. 

LeoGrande, William (2022): «Why Democrats Should Forget About Winning Florida», in: Foreign Policy, 21.11.2022:  https://foreignpolicy.com/2022/11/21/democrats-florida-republicans-cuban-american-cuba-trump-biden-obama/?tpcc=recirc_latest062921

Mesa Lago, Carmelo: «La economía de Cuba en tiempos de crisis: 2020-2022 y perspectivas para 2023», en: La Joven Cuba (por aparecer), 2022.

Human Rights Watch, July 11, 2022:  https://www.hrw.org/report/2022/07/11/prison-or-exile/cubas-systematic-repression-july-2021-demonstrators

Según fuentes no gubernamentales, se han registrado un total de 1771 detenciones por razones políticas; 758 continúan en prisión; 706 han sido juzgados; 963 personas presas y condenadas o pendientes de juicio: https://www.justicia11j.org la página web del grupo Justicia 11J, que trabaja en la documentación sobre presos junto a la ONG Cubalex. 

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-63097483

Consejo Electoral Nacional. www.eleccionesencuba.cu. Recuperado el 27 de septiembre de 2022. 

El boicot de un número de los presidentes a la Cumbre de las Américas en Los Ángeles en junio de 2022, y el mensaje al secretario de Estado Blinken cuando visitó la región en octubre del mismo año: https://www.latimes.com/politics/story/2022-10-12/us-has-tough-sell-in-latin-america-blinken

https://www.cubaproxima.org/post/d-frente-por-cuba
https://www.cubaproxima.org/
https://www.14ymedio.com/cuba/organizaciones-oposicion-cubana-refundar-Republica_0_3383061664.html
https://www.14ymedio.com/cuba/organizaciones-oposicion-cubana-refundar-Republica_0_3383061664.html
https://www.14ymedio.com/blogs/desde_aqui/Frente-nuevo-esfuerzo-encontrar-soluciones_7_3383131655.html
https://www.14ymedio.com/cuba/plataforma-Frente-mediacion-Papa-politicos_0_3436456327.html
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-63097483

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