La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí


Internacionalistas o mercenarios

Sea o no cómplice directo el Gobierno/Partido/Estado de esta triste trama de mercenarismo, su desacertada política económica, unida a la falta de libertades democráticas y posibilidades de prosperar en Cuba, es uno de los factores principales que ha hecho surgir esta actividad en el seno de una sociedad que siempre la estigmatizó como lo que es: uno de los oficios más despreciables del mundo

24 Ene 2024
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Imagen © América TeVe

El develamiento de la presencia de cubanos en las filas del ejército ruso que invade Ucrania puso de manifiesto cuan profundo es el daño antropológico y moral que afecta los fundamentos de la sociedad cubana. Aunque el fenómeno venía siendo denunciado por diversos medios y analistas desde hacía meses, la difusión de videos filmados por los propios reclutados no dejó lugar a dudas.

Desde el punto de vista legal el caso es complicado porque el delito de mercenarismo es considerado como muy grave y en Cuba está penado con castigos que van desde diez años de prisión a la muerte. De ahí que el Gobierno se apurara en hacer control de daños y anunciara en pocos días que había atrapado a una red de organizadores de los envíos de mercenarios a Rusia, quienes serían juzgados a tenor con la ley cubana y los tratados internacionales de los que es signataria.   

Sorprendentemente, a pesar de vestir el uniforme militar ruso y encontrarse sirviendo en zonas de guerra en Ucrania, muchos de los testimoniantes alegan no ser mercenarios sino combatientes internacionalistas que acudieron solidariamente al llamado de Rusia para ayudarla a enfrentar la agresión de Occidente (sic). El desparpajo de este argumento desesperado no deja de mostrar visos de parentesco con el propio discurso oficial del Gobierno/Partido/Estado para explicar su actitud de apoyo a Rusia en el actual conflicto.

Sin embargo: ¿ha sido el mercenarismo una práctica habitual o extraña en la historia de Cuba? ¿Pueden identificarse los mercenarios cubanos actuales con los combatientes internacionalistas de décadas pasadas? ¿Tiene relación este mercenarismo con la crisis estructural que enfrenta la nación cubana?

I

En el famoso poema “Mi bandera” (Bonifacio Byrne, 1899) podía leerse: “No la veis? Mi bandera es aquella/que no ha sido jamás mercenaria”. Aún no estaba la nación cubana constituida en república y ya sus hijos se vanagloriaban de nunca haber sido mercenarios. No obstante, para entonces muchos habían peleado en diferentes países como parte del ejército español enfrascado en sus guerras coloniales.

En otras ocasiones, habían defendido causas más justas como la independencia de las Trece Colonias Inglesas, o la de las españolas de Tierra Firme. Cubanos hubo en los ejércitos bolivarianos, las tropas de Juárez que vencieron al usurpador Maximiliano en México, federados y confederados durante la Guerra Civil estadounidense.

En el siglo XX, fueron el segundo contingente más numeroso de las Brigadas Internacionales que lucharon por la República durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y combatieron junto a los patriotas de Haile Selassie cuando Etiopía fue invadida por el Duce Mussolini. Durante la Segunda Guerra Mundial integraron los ejércitos Aliados, tanto el estadounidense como el soviético, en la lucha contra el Eje fascista.

Ya en la postguerra, diferentes causas solidarias americanas contaron con la presencia de combatientes cubanos voluntarios. En 1947, un contingente se preparó junto a revolucionarios dominicanos para derrocar militarmente al dictador Rafael Leónidas Trujillo cuando la fracasada Expedición de Cayo Confites.

En 1955, José Antonio Echevarría, Fructuoso Rodríguez y otros jóvenes universitarios participaron en la resistencia armada del pueblo de Costa Rica a la agresión del dictador nicaragüense Anastasio Somoza. En ninguno de estos casos lo hicieron por meras promesas de dinero o botín.

El triunfo de la Revolución Cubana y su enfrentamiento creciente a los gobiernos de Estados Unidos y otros del área cambió la naturaleza de esas actitudes solidarias surgidas de la sociedad civil. Ahora estatizada, la solidaridad internacionalista se plasmaría en intervenciones militares planificadas y ejecutadas por el Gobierno con la presencia de miembros en activo, reservistas o veteranos de las FF.AA. Sus nombres oficiales serían: apoyo a los movimientos guerrilleros y/o misiones militares internacionalistas.

Tanto en el discurso oficial como en el imaginario social, las diferencias entre combatientes internacionalistas y mercenarios estaban bien marcadas y contrapuestas. Mientras los primeros eran aclamados como luchadores voluntarios por hacer la revolución y conquistar o preservar la independencia de los pueblos del llamado Tercer Mundo, los segundos eran aborrecidos como guerreros de oficio que mataban y morían por dinero y botín, al servicio de intereses imperialistas.

Cuando fue derrotada la llamada Operación Pluto (17–19 de abril, 1961), la invasión por Playa Girón de la brigada 2506 ─una tropa de aproximadamente 1,500 exiliados cubanos, organizados, entrenados, equipados y financiados por la CIA, con el apoyo de barcos madre, destructores y aviones, para establecer una cabeza de playa y solicitar la intervención militar de los EE.UU.─ los 1181 participantes capturados fueron juzgados, no como hostiles al Gobierno, sino como mercenarios al servicio de una potencia extranjera acusados de alta traición.

Tras Juicio Sumarísimo (Castillo del Príncipe, La Habana, 29 de marzo-4 de abril de 1962), fueron condenados con penas que llegaban hasta treinta años de cárcel y el pago de fuertes indemnizaciones. Tras negociaciones entre ambos países, el gobierno de EE.UU. se vio obligado, por primera vez en la historia, a pagar una indemnización de guerra de 62 300 000 dólares en medicinas y alimentos a cambio de la libertad de los prisioneros. Esa fue la imagen del mercenario, derrotado por los milicianos, que caló en el imaginario del pueblo cubano.

Desde entonces, el discurso oficialista asumió el término mercenario como estigma para denigrar a cualquier crítico, disidente u opositor al Gobierno, aunque no realizara ningún tipo de acción armada. Su alter ego sería el combatiente internacionalista, luchador incondicional en cuanta misión le encomendara la jefatura de la Revolución.

En su fuero interno, gran parte de los internacionalistas creían realmente que lo que hacían era un modo de cumplir con un deber solidario como integrantes de un pueblo, no solo latinoamericano, sino latinoafricano que: debía “pagar su propia deuda con la humanidad” (Fidel), en clara referencia a la gratitud por la ayuda recibida de la URSS y el campo socialista en el enfrentamiento con los EE.UU. Socialmente, se interpretaba como parte de la conciencia revolucionaria que portaba la generación del llamado hombre nuevo.

Lo cierto es que, más allá de las presiones sociales y el adoctrinamiento, esos combatientes internacionalistas no fueron como mercenarios a matar y arriesgar su vida en otras partes por dinero o botín. Tampoco es válido ahora, más de veinte años después del fin de aquellas misiones, asumir que fueron mercenarios porque, según denuncias posteriores, gobiernos como el de Angola pagaron elevadas sumas al cubano por la presencia militar enviada.[i]

Las componendas mercantilistas del régimen con sus cofrades extranjeros no pueden opacar el altruismo de tantas personas que sacrificaron parte de sus vidas y las de su familiares, no en pos de una retribución material sino por causas que consideraron justas, o por la agobiante presión ideológica y psico-social del contexto en que vivían (familia, comunidad, centros de trabajo, amistades, organizaciones de la sociedad civil oficialista, etc.).

II

A esas misiones militares oficiales se añadieron otras encubiertas destinadas a derrocar gobiernos vecinos hostiles, u otros del cono sur, Mesoamérica y África mediante guerrillas aupadas por Cuba. En ellas participaron combatientes en activo o reservistas. Muchos de ellos ofrendaron sus vidas en difíciles condiciones por causas solidarias en las que se involucraron siguiendo órdenes del Gobierno cubano.

Esta política se inició agresivamente desde el mismo 1959, año en que enviaron  seis expediciones fallidas a otros tantos países latinoamericanos: Panamá, República Dominicana,  Haití, Nicaragua, Paraguay y Perú.[ii] Tras estos fracasos iniciales del guerrillismo no se renunció a él sino que se decidió incrementar y perfeccionar la labor de inteligencia, preparación de combatientes y teatros de operaciones para extender la lucha armada por todo el continente. 

Hacia 1966 las condiciones parecían maduras para iniciar la gran misión Internacionalista en Bolivia dirigida por el Che, tenida como primer paso para liberar a toda la región del dominio imperialista. Sin embargo, enemistado con el PC local, sin lograr apoyo campesino y acorralado por el ejército, las dos columnas guerrilleras de cubanos, bolivianos y combatientes de otros países fueron emboscadas y masacradas, y sus combatientes capturados o asesinados, como el propio comandante Guevara.

Con su muerte (1967), y el apoyo de Fidel a la invasión soviética de Checoslovaquia (1968), disminuyó sustancialmente el apoyo a las guerrillas en América Latina y se produjo el acercamiento a los partidos comunistas pro-soviéticos de la región quienes aceptaron el liderazgo cubano como hermano mayor. La  lucha armada quedó sólo como una de las vías posibles de la lucha revolucionaria.

No obstante, se mantendría el respaldo al FSLN de Nicaragua ─que en 1989 arrojaría del poder a Somoza─; al FMLN de El Salvador, hasta los acuerdos de paz de 1992; y a las guerrillas colombianas de las FARC y el ELN, inmersas ahora en procesos de paz con el gobierno colombiano impulsados por Cuba.

III

En los años setenta, el predominio de las acciones guerrilleras cedió espacio a la era de las grandes misiones militares a África: Angola (1975-1991) y Etiopía (1977-1989). Lo peculiar que las distinguía de aventuras mercenarias es que los miles de hombres y mujeres que participaron en ellas no fueron a pelear con fines de lucro, ni tampoco obligados por la coacción física, sino por la presión social, de raíz ideo-política, fruto del adoctrinamiento totalitario.

Cuan diferente es el sentido que puede atribuirse hoy a las acciones de los que han optado por luchar a favor de Rusia en el suelo de Ucrania. Es que la invasión rusa de 2022 es una de las típicas felonías imperialistas que los patriotas cubanos han venido denunciando y confrontando desde el siglo XIX y que suelen ser apoyadas en todas las épocas por unidades de mercenarios sedientos de dinero y botín. Precisamente, varios de esos ejércitos privados de mercenarios internacionales han acudido al llamado de Putin, en especial el famoso Grupo Wagner, también presente en varios conflictos africanos.

Sin embargo, no caben dudas de que los mercenarios cubanos tienen una particularidad que los convierte, independientemente de su despreciable actitud, en otras víctimas de la crisis estructural de la nación cubana. Su leva no es solo por el salario de unos 2000 USD mensuales, sino por la posibilidad de obtener la residencia y/o la ciudadanía rusa y escapar así de la Isla en crisis.

Cuan involucrado ha de estar el Gobierno cubano en esta leva de jóvenes cubanos que han optado por el mercenarismo para emigrar es algo que habrá que investigar y develar hasta sus últimas consecuencias. Pero si algo es evidente es que si cubanos y cubanas de varias generaciones son capaces de echarse al mar en rústicas embarcaciones, atravesar la selva del Darién, cruzar el río Bravo o vender todo lo que tienen para comprarse un boleto al extranjero; no es de extrañar que jóvenes cubanos, carentes de valores y principios democráticos y republicanos por la deficiente formación cívica y el desengaño doctrinario, acudan al mercenarismo para lograr idénticos fines.

Sea o no cómplice directo el Gobierno/Partido/Estado de esta triste trama de mercenarismo, su desacertada política económica, unida a la falta de libertades democráticas y posibilidades de prosperar en Cuba, es uno de los factores principales que ha hecho surgir esta actividad en el seno de una sociedad que siempre la estigmatizó como lo que es: uno de los oficios más despreciables del mundo.


[i] “Cuba en Angola: un viejo y lucrativo negocio de los Castro”. Free Society Project/ Cuba Archive, Agosto – Septiembre 2017, www.ArchivoCuba.org

[ii] “Rubén Miró y la invasión de cubanos a Panamá”, La Estrella de Panamá, 22 de abril de 2010; Benemelis, Juan F. Las guerras secretas de Fidel Castro.

SOBRE LOS AUTORES

( 6 Artículos publicados )

Profesor, ensayista e historiador. Doctor en Ciencias Pedagógicas.

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