La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí


La democracia siempre deberá reconquistar los Derechos Humanos, el pluralismo político y el bienestar de las sociedades (Dossier)

La democracia es global. La construyen los ciudadanos. La construyen aquello líderes que comprometen su tiempo, sus esfuerzos, sus recursos, y a veces su vida para lograrla

24 Ene 2024
0 comments
Cuba Próxima - Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho y Políticas Públicas

Presentación

En toda sociedad resulta imprescindible aproximar voluntades para avanzar hacia el desarrollo que necesitamos. Esto exige dos condiciones difíciles de sostener, o sea, alcanzar cultura e institucionalidad democráticas, e incorporar que el bienestar de cada ciudadano y país, de algún modo son causa y efecto del bienestar de todos los ciudadanos y pueblos.

Organizamos este dossier para discurrir acerca de las potencialidades y retos que actualmente marcan la ruta hacia una Sociedad Democrática -local y global a la vez-, capaz de sustentar un desarrollo auténticamente humano.

Lo coordina Roberto Veiga González.

(Matanzas, Cuba). Abogado y politólogo. Editor de la revista católica Espacio Laical (2005-2014) y director del Laboratorio de Ideas Cuba Posible (2014-2019). Miembro del Diálogo Interamericano y director del Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho y Políticas Públicas Cuba Próxima. 

Y participan los siguientes expertos:   

1- Gerardo Arreola.

(Pachuca, México). Periodista (UNAM). Es editor del sitio web La Jornada en Línea y publica el blog Del Gran Caribe.

2- Jorge Ignacio Domínguez.

(La Habana, Cuba). Doctor en Ciencias Políticas. Profesor jubilado de la Universidad de Harvard, donde fue vicerrector para asuntos internacionales entre 2006 y 2015.

3- Michel Fernández.

(La Habana, Cuba). Jurista y experto en Relaciones Internacionales, Derecho Constitucional, Internacional y el Medio Ambiente. Vicedirector de Cuba Próxima.

4- Peter Hakim.

(Estado Unidos). Analista político y presidente emérito del Diálogo Interamericano, con sede en Washington.

5- Sergio Bitar.

(Chile). Presidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia; ha sido ministro de Estado de los presidentes Salvador Allende (Minería), Ricardo Lagos (Educación) y Michelle Bachelet (Obras Públicas). Además, fue Senador de la República (región de Tarapacá).

1- ¿La democracia como ideal conserva la fuerza de otros tiempos? ¿Qué la favorece y qué la obstaculiza?

Peter Hakim: Ciertamente, antes de mediados de la década de 1980 o tal vez hasta principios de la década de 1990, en América Latina la democracia solo fue considerada ocasionalmente como la forma ideal de gobierno. A su vez los valores democráticos se han deteriorado claramente desde 2015; algunos argumentarían que el deterioro comenzó poco después de que Hugo Chávez fuera elegido presidente de Venezuela.

Entre los factores más importantes que favorecen la democracia se encuentran el liderazgo político competente y honesto, un poder judicial independiente y honesto, el crecimiento económico, el alivio de la pobreza, la seguridad pública, el acceso a la educación y la salud, y el control civil de los militares. Y hay muchos otros. Los obstáculos son creados por la falta de cualquiera de los anteriores.

Gerardo Arreola: El mundo registra una fuerte tendencia de ascenso del autoritarismo. Hace años era impensable un asalto al Capitolio en Estados Unidos, alentado por el propio presidente. Ese mismo mandatario es el favorito para una nueva candidatura presidencial y una franja social lo respalda, le cree y confía en él, pese a todo.

En ese y en otros casos, las mayorías no necesariamente expresan valores democráticos. Un gobierno surgido de una mayoría parlamentaria amenaza a Israel con un viraje autoritario. En Europa del Este, Polonia y Hungría tienen gobiernos validados en las urnas, que se han convertido en un desafío permanente a los principios esenciales de la Unión Europea. El África Subsahariana vive una cadena de golpes de Estado en el que se mezclan disputas entre las antiguas potencias coloniales y Rusia, corrupción a gran escala y el negocio de las armas.

En América Latina, mayorías han instaurado gobiernos en franca deriva autoritaria, como en El Salvador, Venezuela y Brasil en la época de Bolsonaro. En Perú, las vías institucionales llevaron a un régimen autoritario con un componente militar. El presidente mexicano ha reconocido abiertamente que, aún contra la ley, interviene en la campaña electoral en favor de su partido.

Según el más reciente informe de Latinobarómetro, una ONG con sede en Chile, que compulsa sistemáticamente la opinión pública en América Latina, la región vive una «recesión democrática».

El reporte, basado en casi 20 mil entrevistas, dice que ese fenómeno consiste en un bajo apoyo a la democracia, mayor indiferencia ante el tipo de régimen político, preferencias hacia el autoritarismo y caída en el desempeño de los gobiernos y la imagen de los partidos. «La democracia en varios países se encuentra en estado crítico, mientras otros ya no tienen democracia», concluye.

Durante largo tiempo ha prevalecido una idea de democracia en su sentido electoral. En la experiencia histórica los mecanismos electorales han alcanzado un cierto grado de complejidad y han desarrollado herramientas institucionales como las regulaciones al financiamiento, el régimen de partidos, el voto electrónico, el voto en el extranjero, los procedimientos contenciosos y el esquema de comunicación pública o bien prácticas como la celebración de primarias y la formación de pactos y coaliciones para alcanzar mayorías que garanticen la gobernabilidad.

Sin embargo, aun con recursos avanzados como esos, los saldos políticos pueden terminar en terreno negativo. Las señales indican que la democracia vive, por lo menos, paradojas que requieren revisión.

Favorecen a la democracia sus valores identitarios: la universalidad de derechos, la consulta periódica, el respeto efectivo a la expresión ciudadana, la división de poderes, la tutela de las garantías individuales y la promoción del desarrollo y la equidad.

El conflicto aparece cuando, en esas condiciones, incluso una pulcra democracia electoral es insuficiente para encarar la marginación y la desigualdad social; cuando esa misma democracia electoral empodera a quienes favorecen la antítesis del sistema e incluso lo vulneran en la práctica; cuando el equilibrio de poderes se altera por un abuso de la judicialización del diferendo o cuando la violencia hace que candidatos o autoridades actúen bajo amenazas del crimen organizado.

Jorge Ignacio Domínguez: La democracia siempre ha sido imperfecta, desde su primera descripción y su crítica por Aristóteles en la Antigua Grecia. El concepto de democracia usualmente requiere un adjetivo. Una democracia puramente mayoritaria le permite a una mayoría aplastar los derechos de las minorías. Una democracia constitucional, por tanto, suele exigir una carta de derechos que limite el ejercicio de un poder legítimo por parte de la mayoría. Una constitución que se adhiera al concepto de una democracia liberal suele incorporar poderes autónomos en el Estado, es decir, un ejecutivo, un parlamento, y un sistema judicial que incorpora un tribunal constitucional; este último podría demorar, dificultar, o impedir que una mayoría parlamentaria viole los derechos de las minorías.

Regímenes autoritarios se basan a veces en una tradición dinástica (Arabia Saudita, Chad, o Corea del Norte en nuestros días), a veces en la fuerza mediante golpes o imposición militares (Tailandia, Mali), a veces en una victoria electoral mayoritaria (Turquía bajo Erdogan). En los casos de autoritarismo que emerge de una elección, suelen las elecciones después de la primera depender en trampas en el sistema electoral (Venezuela, Nicaragua), por lo que el imperio de la fuerza llega a caracterizar estos casos.

La democracia siempre ha sido y sigue siendo atractiva porque permite el ejercicio del poder legitimado por la ciudadanía. Le democracia constitucional y liberal siempre ha sido y sigue siendo atractiva para las minorías políticas, que a veces son también minorías étnicas, religiosas, o territoriales.

La democracia usualmente requiere el desarrollo y la aceptación de normas de comportamiento político que facilitan la aplicación de la constitución. Eso es importante tanto entre los gobernantes como en la ciudadanía – culturas democráticas en la práctica. Una norma fundamental es la subordinación de las fuerzas armadas a los poderes civiles, y la proscripción de cualquier intento o sistema de partido único.

Un reto de la práctica democracia siempre ha sido y sigue siendo el intento de la mayoría de reducir la capacidad de las minorías de proteger sus derechos, lo que a veces deviene en el abuso y el paso de la democracia a una forma de autoritarismo.

Un dato simple del atractivo de la democracia es que los regímenes autoritarios insisten que son sistemas políticos democráticos. Cuba es un típico ejemplo.

Michel Fernández: Creo que lo más importante antes de responder a la pregunta inicial es definir qué se entiende por democracia en el mundo actual. La idea más aceptada de democracia parte de varios principios esenciales que, de no cumplirse, no se podría calificar ese sistema como democrático. Estos principios serían: el reconocimiento de la «regla de la mayoría», el reconocimiento del pluralismo político —entendido como la capacidad de los sujetos políticos de organizarse y defender sus puntos de vista— y, por último, la existencia de un catálogo de derechos que permita el ejercicio de la política. Esta visión de la democracia, de corte eminentemente occidental, privilegia la idea de la democracia como procedimiento, como forma, y no le otorga tanto valor a cuestiones como la satisfacción de las necesidades materiales y la capacidad económica de los ciudadanos.

Otro de los principales problemas que se presenta al intentar responder a esta pregunta es el significado polisémico del término democracia, que tiene su origen en una confusión conceptual grave al comenzarse a usar el término democracia para sistemas que no eran originalmente democráticos. El primero en incurrir en este error fue Alexis de Tocqueville, al nombrar su libro «La democracia en América», dándole el calificativo de democrático a un modelo que expresamente fue diseñado para no ser democrático. En este punto es importante hacer una aclaración: que el modelo fuera no democrático no era un problema o algo negativo en el momento en que se creó la Constitución de Estados Unidos. Simplemente, los Padres Fundadores tenían muy claro que no querían un modelo democrático. Y tanta fue la genialidad de esos hombres que crearon uno de los modelos constitucionales más estables y duraderos de la modernidad, lo que le ha permitido a Estados Unidos alcanzar altos niveles de desarrollo y estabilidad política, a pesar de todas las limitaciones «democráticas» que aún tiene.

Los escritores ilustrados y los revolucionarios del siglo XVIII tenían muy clara esa diferencia, y eso se expresó en los modelos constitucionales que siguieron a la Revolución francesa. El modelo de la constitución de 1791, basado en la representación política y la tripartición de poderes, y el modelo de la constitución jacobina de 1793, nunca implementada en su totalidad, se basaba en los principios de la soberanía popular indelegable. Dicho de otra manera, la representación política excluye la democracia, tal y como dijo Rousseau a los ingleses: «Los ingleses se creen libres, pero solo lo son durante el momento en que votan. El resto del tiempo son esclavos. Los que se contentan con ser libres durante el momento en que votan no son libres en absoluto. La libertad no es un regalo que se pueda otorgar o quitar. Es una conquista que debe mantenerse constantemente».

En el modelo triunfante, la vía para controlar los abusos del poder fue la «tripartición de poderes», mientras que, en el otro modelo, inspirado en la República romana, el control de los abusos del poder correspondía al «Tribunado de la Plebe» como poder negativo, que no podía hacer nada, pero sí impedirlo todo.

Fue Simón Bolívar quien intentó conciliar ambos modelos con el proyecto de Constitución de Bolivia de 1826, incorporando el poder electoral a la triada clásica de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales.

Un elemento que ha ido evolucionando en los sistemas representativos es que cada vez han ido incorporando más mecanismos de participación democrática, tales como la iniciativa legislativa popular, los referendos y la ampliación de la representación. Se puede decir que, a pesar de que estos sistemas aún mantienen su esencia, se han ido «contaminando» con la democracia.

Más allá de estos problemas conceptuales, es útil mantener determinados códigos del lenguaje para definir qué se entiende en estos momentos como democracia y siempre tener en cuenta que lo más común es encontrar modelos que tengan al mismo tiempo componentes democráticos y otros no democráticos. Por estas razones, creo que los principios que enumeré en el primer párrafo sobre la regla de las mayorías, el reconocimiento del pluralismo político y la existencia de un catálogo de derechos que permitan el ejercicio de la política son esenciales en cualquier sistema que quiera ser considerado democrático.

Lo que favorece la democracia en estos momentos es que la mayoría de los países occidentales han aceptado estos principios mínimos, y muchos otros países también se han movido en este sentido. Además, cada día hay más acceso a la información, lo que hace más difícil que triunfen posiciones antidemocráticas. A pesar de esto, hay grandes riesgos, como el aumento de líderes autoritarios que desconocen o tratan de revertir las reglas democráticas, y el aumento de la xenofobia y movimientos neonazis que buscan excluir de la política a los grupos menos favorecidos.

En mi opinión, la idea de la democracia es cada día más fuerte y debe llegar al punto en que todos tengan las mismas posibilidades de participación, lo que cada día es más cercano debido a los desarrollos tecnológicos y la idea cada vez más aceptada de una Renta Básica Universal.

Sergio Bitar: La expansión de la democracia continuará, a mi juicio, y deberá enfrentar los desafíos futuros, que exigirán normas más estrictas de colaboración, restricciones a la libertad ilimitada individual, respeto a deberes que exige el ejercicio de la libertad para lograr beneficios colectivos.  Es una exigencia, especialmente en lo relacionado con los riesgos de pandemias, de cambio climático, y de digitalización y manipulación de información. Estos riesgos exigen una mayor responsabilidad que debe ser parte de la democracia.

También se enfrentará la polarización e intensificación de los factores geopolíticos sobre los factores económicos. Como se ha visto en el pasado en tiempos de la Guerra Fría, ocurrirá similar fenómeno en el Conflicto China-Estados Unidos si es que se continúa manejando como hemos visto. Puede ocurrir que las grandes potencias subordinen la democracia a la seguridad, como ha sido el caso Estados Unidos durante mucho tiempo. Pero ello no tendría que ser un riesgo de un autoritarismo que reemplace la democracia, sino quizá un mejoramiento de la democracia para enfrentar los desafíos nuevos.

2- ¿Cuáles fuerzas políticas y lideres actuales se posicionan a favor de la democracia? ¿Qué caracteriza este quehacer?

Peter Hakim: Muchos factores ayudan a promover la democracia. Y los líderes democráticos exitosos provienen de muchos grupos políticos diversos con una variedad de líderes. No estoy seguro de que podamos identificar al líder político ideal o sus valores políticos. El contexto y el entorno juegan un papel importante en la evaluación de las cualidades de liderazgo.

Churchill fue considerado un gran líder democrático debido a su respuesta fuerte a los planes de Alemania para invadir Inglaterra. El liderazgo, los valores y la competencia de Zelensky fueron reconocidos solo después de la invasión de Rusia a Ucrania.

Gerardo Arreola: Pareciera que hay corrientes sociales en favor de la democracia y al mismo tiempo otras que impulsan o consienten el autoritarismo, declarado o implícito. Es significativo que estos fenómenos trascienden ideologías o banderas políticas.

Hay resultados electorales contra todos los pronósticos, como los más recientes en Colombia y Guatemala, en los que resulta evidente el despertar cívico y la movilización de mayorías tradicionalmente marginadas o abstencionistas.

En Chile es notable la voluntad democrática del presidente Boric, que tuvo que retroceder en su proyecto constitucional, después de reconocer su fracaso en las urnas. Al mismo tiempo, un sector de la sociedad defiende, 50 años después, el golpe de Estado que derrocó a un gobierno constitucional. En Guatemala hay fuerzas civiles organizadas y autoridades que intentan a toda costa frustrar el desempeño del gobierno elegido democráticamente.

En Cuba, con un sistema unipartidista que proscribe a la oposición; en Nicaragua, que ha aniquilado reglas e instituciones democráticas y en Venezuela, que formalmente reconoce partidos y libertades, amplios sectores de población han mostrado su voluntad de participación y defensa del pluralismo, a pesar de la falta de garantías para la libre expresión.

Gran parte de la sociedad española, que permitió primero el ascenso del autoritarismo ultraderechista en las elecciones regionales, reaccionó para frenar esa tendencia en los comicios generales. En Estados Unidos, un sector del Partido Republicano, en el que están el exvicepresidente Pence y algunos legisladores, se ha movilizado en defensa de la legalidad y de las reglas democráticas, en contra de las acciones de Trump y sus partidarios. Y no hay duda de que un amplio sector de la población de Myanmar favorece la instauración de un régimen democrático, que sin embargo ha sido frustrado sistemáticamente por la fuerza.Los ejemplos pueden ser numerosos, pero estos pocos indican cómo, más que líderes, en las sociedades perviven empeños democráticos, que tarde o temprano se expresan en las urnas o en otros frentes de la contienda política.

Jorge Ignacio Domínguez: La democracia es más probable cuando existe una pluralidad de intereses, de formaciones sociales y económicas, y de criterios políticos. Usualmente florecen solamente en economías de mercado. Su riesgo es cómo limitar el poder económico en una economía de mercado para que florezca también una sociedad civil autónoma, una capacidad del Estado para impedir monopolios sin regulación, y una tolerancia y aceptación de la discrepancia política. Para esto último, es menester lograr la existencia de medios masivos de comunicación que disfruten de libertad de expresión y protección frente al abuso por parte de quienes gobiernen. Suelen también las universidades favorecer el clima intelectual y político que permita la diversidad de idea y de acción. El desempeño de una democracia mejora si el Estado posee la capacidad y el apoyo político para adoptar una política fiscal que reduzca desigualdades, provea transferencias monetarias a los más necesitados, y promueva políticas sociales que sustenten una democracia social.

Michel Fernández: La respuesta más obvia a esta pregunta, y por supuesto, desacertada, sería que casi todas las fuerzas políticas y los líderes se posicionan a favor de la democracia. Incluso los países sobre los cuales hay un amplio consenso de que no son democráticos se llaman a sí mismos democráticos, hasta en su propio nombre (República Popular «Democrática» de Corea).

Creo que el elemento que define si una fuerza política o líder es democrático es el reconocimiento del otro como un sujeto legítimo para ser parte del juego político, es la no exclusión del que piensa y actúa de manera diferente. Pero este principio tiene una limitación esencial, y es que no se debe permitir el ejercicio de la política a aquellos cuyo objetivo es despojar de sus derechos a sus oponentes políticos. En este sentido, es muy importante definir o entender cuáles son las «reglas del juego» de la política y dónde están estas y cuáles serían las consecuencias de la ruptura de estas reglas y si esa ruptura es legítima o no. En este sentido, la constitución juega un papel central, al ser la fuente primera de las reglas del juego político, junto con las otras disposiciones normativas de menor jerarquía y los otros sistemas normativos, no jurídicos, existentes en la sociedad.

En ese sentido, ha sido común en líderes y grupos no democráticos la utilización de los llamados «golpes de estado constitucionales», utilizando mecanismos legales para afianzarse en el poder o sacar del poder a sus oponentes. Este fenómeno ha sido utilizado tanto por las derechas como por las izquierdas autoritarias y se ha valido de instituciones como el juicio político, la reforma constitucional y el uso de instituciones del Estado con el fin de la represión política.

Otro aspecto central de los grupos y líderes que no respetan las reglas democráticas es la no aceptación de los resultados electorales y el intento de permanencia en el poder.

En el mundo occidental, estos movimientos no democráticos podrían clasificarse en:

– Los llamados países comunistas, con sistemas de partido único, aunque algunos, como China y Vietnam, reconocen otros partidos que no discuten la supremacía del Partido Comunista. Estos países no tienen elecciones competitivas, ni reconocen los derechos civiles y políticos aceptados internacionalmente y reprimen a los movimientos de oposición, acusándolos de enemigos del pueblo y la nación, y de ser agentes del imperialismo.

– Los países que, a pesar de tener sistemas pluripartidistas y reconocer los derechos de la oposición, han minado el régimen democrático y han mantenido en el poder a figuras autoritarias, como Venezuela, Nicaragua, Hungría y Turquía, por mencionar solo estos casos más conocidos.

Por otra parte, hay fuerzas políticas de diferentes orientaciones que sí defienden los valores democráticos, reconociendo a sus oponentes como figuras válidas y legítimas y respetando las «reglas del juego» o, cuando quieren modificarlas, lo hacen mediante mecanismos legítimos de participación popular y debate ciudadano, sin criminalizar a quienes piensan diferente.

Sergio Bitar: El juicio de los líderes depende de lo que hagan, y mucho menos de lo que dicen.

Hoy nadie se atreve a pretender un poder autoritario sin pasar por elecciones o sin hacer algunas formas de consulta ciudadana que sea vista como democracia. La clave está en un Estado de Derecho que resguarde las libertades individuales, provea los bienes públicos necesarios, establezca tres poderes autónomos, asegure la fiscalización de la ciudadanía sobre el gobierno, realice elecciones periódicas y libres. Se observa, sin embargo, que la incapacidad para resolver problemas en un Marco como el descrito, lleva muchas veces a restringir los espacios democráticos e imponer normas como Estados de excepción, disposiciones restrictivas, poderes extraordinarios a los gobiernos. 

Depende mucho de la tradición democrática de los países. Cuando hay suficiente tradición, la ciudadanía reacciona de manera positiva. Las fuerzas democráticas deben empujar recurrentemente, ganando espacios, aunque sean parciales, para abrir nuevos horizontes, en un proceso progresivo de apertura.

3- Algunos consideran que los demócratas del orbe -con independencia de la ideología que posean- deben defender a escala global, por ejemplo, el desarrollo de las garantías a los Derechos Humanos, una educación humanista y capaz de formar ciudadanos y trabajadores, la evolución cualitativa de la representación política, la cooperación para un desarrollo económico capaz de un bienestar cada vez más equitativo, y una relaciones internacionales orientadas hacia la distensión, la concertación, la cooperación y la paz. ¿Qué opina usted?

Peter Hakim: Es imposible hacer un buen argumento que refute el valor, incluso tal vez la necesidad, de los líderes democráticos para promover a nivel mundial los principios y objetivos democráticos citados anteriormente.

Pero, en la práctica, estos principios y objetivos a veces chocan entre sí; por ejemplo, todos ellos requieren inversión de recursos, y a menudo los recursos son limitados, por lo que algunos deben tener prioridad y otros relegarse; y muchas veces construir la prosperidad nacional y la igualdad económica o buscar seguridad o cooperación económica demanda acuerdos y relaciones con gobiernos autoritarios.

Por ello, el cumplimiento de una buena lista de valores y objetivos necesita ser acompañada en la práctica de estrategias de implementación significativas.

Gerardo Arreola: La preservación de los Derechos Humanos como plataforma mínima es una idea que se ha fortalecido en décadas recientes. Ya en el siglo pasado esa noción propició, por ejemplo, la creación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas en la materia y fue el motor de la conversión de la antigua Comisión de Derechos Humanos en el actual Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

En este último caso no se trataba de un cambio de nombre o estructura. Hubo una intensa discusión internacional y una amplia y complicada negociación diplomática, que intentó expandir y normalizar el reconocimiento de que las distintas generaciones de Derechos Humanos (individuales, sociales, económicos) son interdependientes, que los Estados tienen la obligación de procurar su observancia y que la comunidad internacional está en el deber de propiciar que todo lo anterior sea efectivo.

Es decir que la doctrina contemporánea de Derechos Humanos, y desde luego las previsiones de la Carta de las Naciones Unidas, ya son un valor reconocido en el mundo. En el Consejo surgió el Examen Periódico Universal, como un ejercicio en el que los Estados pueden exponer su propia situación y recibir respuestas, comentarios u opiniones del resto. En la Unión Europea parte de las disciplinas intracomunitarias y de las regulaciones en los tratados entre el bloque y terceros países se basan en las garantías individuales.

Con un horizonte mayor, en el sistema de Naciones Unidas hay organismos y mecanismos que buscan preservar y promover derechos sociales y económicos, desde la defensa del medio ambiente hasta el derecho al desarrollo y la equidad.

Pero la realidad es distinta en muchos casos. En materia de Derechos Humanos hay un panorama muy heterogéneo, tanto en la vida interna de los países como en la acción de la comunidad internacional. Persisten estructuras, legislaciones y prácticas profundamente antidemocráticas e incluso alineamientos de gobierno alrededor de esa especie de resistencia.

Son hechos que no niegan, sino que, por el contrario, acentúan la necesidad de que haya una defensa global de las garantías individuales, al margen de ideologías.

Un fuerte obstáculo en ese propósito es la persistencia de esquemas que reproducen mecanismos de la guerra fría. Tales movimientos adoptan la defensa de los Derechos Humanos como parte de una confrontación entre grupos de países, en una politización del asunto, tanto para criticar el desempeño de un gobierno como para evitar esa crítica.

Pero el orden surgido después de la guerra fría también puede pesar en contra de los Derechos Humanos. Las potencias han prolongado las prácticas de permitirse injerencias o presiones en países débiles, de premiar o sancionar a gobiernos según los intereses del más fuerte, de trazar fronteras geopolíticas para delimitar zonas de influencia o de callar ante atropellos según el peso político o económico de los otros Estados y siempre a conveniencia. 

Jorge Ignacio Domínguez: Un demócrata debe apoyar la democracia y las garantías de los Derechos Humanos en cualquier parte del mundo. Debe asistir para lograr la profundización de la cultura democrática y en el fortalecimiento de las instituciones pertinentes. Debe respaldar a gobiernos que actúen consistentemente con estos criterios.

Sin embargo, es menester reconocer que no es posible para un gobierno democrático actuar como deber hacerlo una persona. Gobiernos democráticos requieren relaciones con gobiernos que no lo son. En muchos casos, deben otorgar prioridad a otros objetivos, tales como el mantenimiento de la paz. Pueden intentar, además, de inducir cambios que avancen las posibilidades de democracia y un mayor respeto hacia los Derechos Humanos en países bajo regímenes autoritarios. La experiencia de la Unión Europea en Europa central y oriental, antes y después de auto titularse así, ha sido un buen ejemplo, a pesar de los retos que persisten en una «autocracia electoral» tal como Hungría.

Michel Fernández: En mi opinión, hay una identificación clara de los principios democráticos en una parte importante de los operadores políticos de Occidente, pero esto no ha llevado aún a un accionar global en materia democrática con resultados favorables. No se ha podido avanzar significativamente en materia democrática en muchos países de África, envueltos en guerras civiles y golpes de estado. En el Medio Oriente, los estados teocráticos como Arabia Saudita, Irán, Afganistán y Emiratos Árabes Unidos, entre otros, son quizás los que menos indicadores democráticos poseen y los que más violencia ejercen contra sus oponentes. En Asia, China y Corea del Norte son ejemplos evidentes de sistemas no democráticos y violadores de los derechos civiles y políticos.

Una de las razones importantes del poco avance en la democracia es que la mayoría de las potencias occidentales, con sistemas democráticos consolidados internamente, actúan a nivel internacional privilegiando sus intereses económicos y políticos, sin poner la democracia como elemento central de su política exterior. La democracia la utilizan generalmente como pretexto para atacar a aquellos que se oponen a sus intereses geoestratégicos, utilizando dobles estándares de acuerdo con su conveniencia.

Por otra parte, hay aspectos en los que se ha avanzado más que nunca a nivel global, a pesar de las limitaciones del sistema internacional configurado después de la Segunda Guerra Mundial. Este ha logrado establecer mecanismos de cooperación y de solidaridad internacional y ha evitado, hasta el momento, la ocurrencia de un conflicto de proporciones mundiales. Además, se ha consolidado un sistema de organizaciones de la sociedad civil internacional que realizan un trabajo muy importante en materia de promoción de la democracia y los Derechos Humanos.

Sergio Bitar: A medida que el planeta se globaliza a una velocidad sin precedentes, se requiere de más acuerdos globales y principios comunes, y del fortalecimiento el Estado de Derecho internacional. Las materias claves, como los Derechos Humanos, la educación, la salud, la cooperación económica, el desarrollo tecnológico, las relaciones internacionales multilaterales, la coordinación contra la guerra y la promoción de la paz son compromisos para la supervivencia que debe integrar a todos. Una expresión de esta necesidad urgente de colaboración es la iniciativa de las Naciones Unidas de llevar a cabo una cumbre mundial sobre el futuro en 2024, así lo ha llamado el Secretario General.

Para encarar el desafío -que ninguna nación por poderosa que sea puede abordar sola, especialmente ante los riesgos de guerra, geopolíticos, de disputas en el espacio, de cambio climático acelerado, pandemias, efectos sobre la alimentación a futuro- es una prioridad que se junten todas las fuerzas democráticas de cada país.

4- ¿Cuánto contribuyen a un mundo democrático, de prosperidad y paz, los actuales think tank, los sistemas educativos, las artes y la prensa?

Peter Hakim: Todas las instituciones mencionadas anteriormente y las áreas de creatividad e información son tremendamente importantes. Todas contribuyen a la democracia, pero para hacerlo eficazmente todas requieren democracia.

Gerardo Arreola: La pregunta cita algunos de los ingredientes esenciales de una democracia, más allá de las reglas electorales y el funcionamiento de las instituciones surgidas del voto popular. La sociedad se expresa y se organiza en diferentes escalones. Sus inquietudes, opiniones y demandas transitan por diversas mediaciones, no sólo por el parlamento, los cabildos municipales o los ejecutivos.

A estos escenarios sociales hay que agregar las organizaciones sectoriales, que reivindican objetivos de interés común, como en el terreno de los Derechos Humanos, los derechos de género, los derechos de la infancia y de los jóvenes, la vida animal y silvestre, el urbanismo, el medio ambiente, el derecho de los pueblos al desarrollo. También es el caso de las agrupaciones gremiales o sindicales, la industria editorial y las redes de bibliotecas, los centros de fomento artístico, cultural o deportivo.

Aunque estas formas de expresión social son antiguas, en épocas recientes han asumido compromisos más claros con el interés colectivo. La libre expresión en los centros de pensamiento o en las artes son signos distintivos de una sociedad plural y ambos se nutren de sistemas educativos con vocación democrática.

En el caso de la prensa, que es el que conozco más de cerca, se trata de un componente esencial de una sociedad democrática. El ejercicio profesional de la comunicación y la libertad de crítica son componentes básicos de un entorno democrático. No es casual, sino un objetivo deliberado, que los deslizamientos autoritarios de gobiernos electos inicien la asfixia de la democracia con ataques a estas formas de organización de la sociedad.

Jorge Ignacio Domínguez: Hay think tanks de todo tipo. Los hay que asesoran a dictadores para fortalecer su poder y mejorar la eficacia de sus decisiones. Los hay que apoyan la participación ciudadana en su mayor amplitud posible. Los hay que promueven los Derechos Humanos, el desarrollo de un Estado de derecho, y la autonomía y eficacia de los tribunales de justicia.

Los think tanks no son de por sí entidades democráticas. Nadie los elige. Son instituciones sin fines de lucro financiadas por gobiernos, fundaciones, empresas, y donaciones individuales.

Hay que considerar su valor según sus acciones a lo largo del tiempo, así como en coyunturas específicas.

Los sistemas educativos y la prensa tampoco son automáticamente democráticos. La educación puede enseñarnos cómo ser más eficaces para odiarnos. La prensa puede estimular la difamación, el odio, y los repudios.

Sin embargo, tanto la educación como la prensa son imprescindibles para desarrollar, fortalecer, y consolidar un régimen democrático. El reto público y cívico es cómo orientarles hacia un «Norte» democrático, respetando necesariamente su autonomía.

Michel Fernández: En un mundo democrático, el rol de los think tanks, los sistemas educativos, las artes y la prensa es vital para preservar la democracia alcanzada y avanzar en la conquista de más espacios democráticos.

Aunque todos ellos son importantes, creo que el que tiene un papel fundacional en la construcción de la democracia son los sistemas educativos, ya que estos sientan las bases intelectuales para el desempeño político de los ciudadanos. Por esa razón, el campo de batalla más importante para el pensamiento democrático se debe desarrollar en el diseño de sistemas educativos que eduquen en la democracia y bajo principios democráticos. En este aspecto, el modelo de Educación Popular desarrollado por Paulo Freire es el que más se ha acercado a una educación democrática, al pensar la educación como un proceso liberador y transformador, basado en un enfoque dialógico en el que los educadores y los estudiantes participan activamente en la construcción del conocimiento. El método de la «Pedagogía del Oprimido», título de uno de los libros más importantes de Freire, busca promover la conciencia crítica y la participación activa en la solución de los conflictos sociales.

También es imprescindible en un sistema democrático tener la libertad de prensa garantizada, tanto formal como materialmente. Sin libertad de prensa, no hay democracia posible y esta funciona tanto como mecanismo de información y análisis para los ciudadanos como un mecanismo de control a la actividad del Estado, el cual siempre se debe sentir «vigilado» y  «juzgado» por la prensa.

Las artes, en su sentido más amplio, deben ser las que más libertades posean, para que puedan ser la guía espiritual de los pueblos. Por esta razón, deben contar con el mayor apoyo posible del Estado, sin que esto se convierta en que subordinen su arte a los intereses estatales; debe ser todo lo contrario. Esto es fácilmente alcanzable con mecanismos legales que garanticen la absoluta libertad artística y la protección de los artistas.

Los think tanks son, quizás de estos cuatro pilares de la democracia, los que más cerca están del proceso de toma de decisiones políticas, y por su propia naturaleza, sus propuestas deben ser una parte importante en este proceso. En ese sentido, es vital garantizar la pluralidad y diversidad de estas organizaciones, así como su independencia de agendas políticas específicas, para que no se conviertan en rehenes y legitimadores del día a día de la política.

Sergio Bitar: Todos los mecanismos, como los indicados en la pregunta, contribuyen a extender la información y la formación de las personas y, en tal sentido, aumentan la transparencia y el conocimiento que ayudan a la democracia.

En particular, los think tanks son una importante contribución a la reflexión más prolongada y detenida sobre los procesos sociales en un mundo dominado por la inmediatez de las redes digitales y la falta de reflexión sobre la sociedad en su conjunto. 

5- ¿Cómo favorecer hoy el desarrollo de una Sociedad Democrática -local y global a la vez-?

Peter Hakim: No hay una respuesta fácil a esto. Incluso las democracias avanzadas como Estados Unidos y Canadá, el Reino Unido y la Unión Europea, y Japón y Australia se enfrentan a enormes desafíos después de muchos años de gobierno democrático y altos niveles de prosperidad. No creo que haya una fórmula simple, o tal vez ninguna fórmula en absoluto.

Gerardo Arreola: En el conjunto del cuestionario están algunas claves. Una sinergia saludable será la convergencia entre las corrientes que se manifiestan por una sociedad democrática con las agrupaciones sectoriales y locales que pugnan por la misma meta. El esfuerzo nacional es la base de uno que pueda tener alcance global.

Jorge Ignacio Domínguez: La «democracia global» es una fantasía. La Asamblea General de Naciones Unidas, por ejemplo, se constituye de un voto por cada país miembro, al igual que ocurre en sus comisiones. La votación parece ser democrática, pero lo otorga un mismo voto a los regímenes más represivos al igual que a los más democráticos. La «democracia» en organizaciones internacionales es solamente aparente.

La democracia es global. La construyen los ciudadanos. La construyen aquello líderes que comprometen su tiempo, sus esfuerzos, sus recursos, y a veces su vida para lograrla. Se construye mediante instituciones, que representan y al igual garanticen la pluralidad social y política de la nación. Requiere instituciones autónomas en el seno del Estado, entre otras un parlamento y un tribunal constitucional. Requiere el diseño de un poder ejecutivo que sea al mismo tiempo capaz de gobernar y responsable frente al parlamento y la ciudadanía. Requiere el derecho universal al voto, sin coacción, corrupción, en elecciones libres y competitivas, que permitan la creación de diversos partidos políticos que compitan sin cortapisas por parte del Estado. Requiere el control civil de las fuerzas armadas. Prohíbe la identificación de la nación con un solo partido político. Y se sustenta de una cultura democrática que emerge y se consolida en las instituciones de su sociedad civil, con todos y para el bien de todos.

Michel Fernández: A pesar de todos los riesgos que enfrenta la democracia a nivel global y local, creo que es el momento con más posibilidades para poder avanzar en su consolidación. Esto no significa el triunfo ineludible de la democracia; esta siempre va a estar al riesgo de figuras autoritarias, movimientos extremistas, negadores de los derechos de los otros y, principalmente, sometida al riesgo constante de los grupos de poder económico y político que intentarán por todas las vías favorecer sus intereses específicos sobre los intereses de la mayoría.

En mi opinión, la forma más efectiva de contrarrestar esos riesgos es ampliar la democracia cada vez más, hacerla más cercana y fácil para los titulares originarios de la soberanía, el pueblo/los ciudadanos. En este sentido, ya hay ejemplos exitosos de facilitación de la participación, pero todavía son excepciones, y no creo que quienes detentan el poder político tengan la voluntad de abrir esos caminos de mayor participación. La vía para alcanzar ese objetivo tiene que ser la lucha de los pueblos por rescatar su soberanía.

En el mundo de hoy, cada vez más personas están conectadas a internet y utilizan sus dispositivos electrónicos, principalmente sus celulares, para hacer muchas de sus actividades diarias, entre ellas una de las más importantes es poder disponer de su dinero, al que accedemos por las aplicaciones de los bancos u otras y del cual disponemos electrónicamente. Según estadísticas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se espera que en el 2024, 3.6 mil millones de personas en el mundo usen la banca online, y los pronósticos indican que esta actividad seguirá creciendo a un elevado ritmo.

Si somos capaces de hacer una de las cosas más importantes de nuestra vida, desde la perspectiva individual, usar nuestro dinero online, ¿por qué no es posible hacer lo mismo para los asuntos de todos? De hecho, es muy sencillo implementar la participación política online, no solo en los procesos electorales, sino en la discusión de políticas y programas. Su aplicación aumentaría los niveles de participación, reduciría los costos electorales, aumentaría la seguridad y disminuiría las posibilidades de fraude. Por ejemplo, el modelo de voto electrónico se viene aplicando en Estonia desde el año 2005, y en las elecciones parlamentarias del 2023, el 53% de los votos fue emitido electrónicamente.

El sistema tiene su fundamento en la tarjeta de identidad nacional, que contiene un chip con la información personal y las llaves criptográficas, lo que garantiza la autenticación de las personas y la seguridad del voto electrónico; además de la firma digital autenticada. Por otra parte, si las personas cambian de opinión, tienen la posibilidad de votar en varias ocasiones sobre el mismo tema, y solo se tiene en cuenta el último voto. Según el Ministerio de Justicia estonio, el voto electrónico es 20 veces más barato que el voto tradicional, y eso ha significado un ahorro de 20 millones de euros anuales en ese país.

Pero no solo se debe avanzar en la facilitación de la participación, también es imprescindible la descentralización del Estado, otorgándole muchas más facultades a los poderes locales, lo que le daría la posibilidad a los ciudadanos de decidir en la mayoría de los temas de su interés.

Otro de los factores fundacionales del avance democrático es la educación, y esta debe enfocarse en la promoción de los valores de los Derechos Humanos y en un enfoque cooperativo, ya que la cooperación, y no la competencia, es lo que garantiza el alcance de los objetivos de desarrollo de una forma más eficiente y rápida. En este aspecto, hay dos ejemplos muy evidentes de que cuando los estados cooperan entre ellos, se pueden alcanzar grandes resultados. Uno de estos ejemplos es la «Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenaje y Uso de Armas Químicas y sobre su Destrucción», la cual ha tenido una implementación exitosa y cada día se acerca más a la eliminación de este tipo de arma de destrucción masiva. El otro ejemplo es el «Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono» y sus respectivos protocolos, los cuales han logrado la eliminación o reducción de las sustancias agotadoras de la Capa de Ozono y así solucionar el grave riesgo que significaba para la humanidad la destrucción de la Capa de Ozono.

Un elemento imprescindible para avanzar en la democratización a nivel global es el rediseño del sistema de relaciones internacionales, superando las faltas democráticas del diseño posterior a la Segunda Guerra Mundial, en el cual cinco países tienen la última palabra en el proceso de toma de decisiones en las Naciones Unidas. Esto resulta imposible en estos momentos, pero su imposibilidad objetiva no niega que se enuncie como problema y buscar alternativas de solución.

La lucha por la democracia a nivel local y global es un imperativo para garantizar nuestro futuro como especie y el aumento de la felicidad de todos los seres humanos, tal y como proclamó la Constitución francesa de 1793 en su primer artículo: «El fin de la sociedad es la felicidad común.»

Sergio Bitar: La gobernanza democrática global y local deben inspirarse en los mismos principios, pero con enfoques e instituciones distintas.

En el caso global dependerá de las capacidades de los Estados de convenir las reglas que permiten la disminución de los conflictos, la reducción del calentamiento global y la regulación de las redes, etcétera, fijando las normas básicas para la convivencia. En el caso de la democracia local es mucho más directa con participación de los ciudadanos en las decisiones.

Las instituciones e instrumentos entonces son distintos. Pero los principios de la convivencia, respeto a los Derechos Humanos y a las normas democráticas para mejorar el bienestar de todos los habitantes, son los mismos. 

SOBRE LOS AUTORES

( 290 Artículos publicados )

Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho y Políticas Públicas

Reciba nuestra newsletter

Haz un comentario