La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí


Los gobernantes deberían escuchar esta voz que reclama evitar males mayores para una nación agotada

Cuba necesita un cambio total, porque este país anhela ser libre. Las bases planteadas para la salvación como país no constituyen una ingenua ilusión. Su importancia radica en que constituye una lección de democracia y dar una lección es abrir la interpretación, obliga a aprender del otro.

16 Jun 2024
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Imagen © nj.com

El documento de Cuba Próxima Para instaurar en Cuba el imperio de la ley, el bienestar y la concordia, del pasado 16 de enero, aboga por un proceso político de distensión y apertura, a través de una «negociación política» orientada a la libertad y los Derechos Humanos, la democracia y el imperio de la ley, el bienestar y la paz. Para ello, sugiere una agenda de cinco puntos y además propone que, luego de unas elecciones producto de la «negociación», los electos ejerzan sólo durante tres años con una agenda también de cinco puntos.  

Opinan sobre este documento, Teresa Díaz Canals, Mario Valdés Navia, Julio Pernús, Raudiel Peña y Osmel Ramírez Álvarez.

Teresa Díaz Canals:

Todo lo que hace ver, ve

Gaston Bachelard El agua y los sueños

El documento propuesto por Cuba Próxima Para instaurar en Cuba el imperio de la ley, el bienestar y la concordia merece ser analizado en profundidad. Es conciso, directo, llama a la cordura política, a la acción inteligente para responder a la situación de crisis estructural actual de esta nación. Si la élite gobernante fuera mínimamente práctica y sensible escuchara esa voz que reclama justicia y armonía social, evitaría males mayores para una nación hambreada, agotada, dividida, fustigada.

La fórmula elaborada sería el comienzo de un camino de sanación, de reconstrucción, de restauración sobre otras bases de la convivencia entre cubanos, de respeto a la diversidad, de elecciones políticas sistemáticas. En las actuales circunstancias todo camino diferente al único implantado por décadas significaría una especie de luz en un túnel. Lo que pasa es que no se vislumbra, hasta ahora, algo diferente, no existen indicios de mejoría para la sociedad que cada vez es más desigual, injusta y deplorable. Tan solo el pensar de manera oficial en una amnistía para los presos políticos, se pudiera interpretar como el inicio de ciertos cambios para bien. Me reconfortan esas palabras del poeta José Lezama Lima: “lo posible es posible, porque es imposible”.

Las ciencias sociales, aunque pueden hacer ciertas predicciones, elaborar diagnósticos de un contexto en extremo complejo, no pueden adivinar el futuro inmediato, sus especialistas pudieran tan solo aproximarse a una vía deseable mediante proyectos siempre aprobados por determinados consensos. Lo que sí es comprobado –y obvio- a pesar del discurso repetitivo y oportunista, es que Cuba necesita un cambio total, porque este país anhela ser libre. Las bases planteadas para la salvación como país no constituyen una ingenua ilusión. Su importancia radica en que constituye una lección de democracia y dar una lección es abrir la interpretación, obliga a aprender del otro.

La revolución cubana ha demostrado a través del tiempo que fue y es una experiencia del acontecimiento de lo inhumano, de lo irracional. Se apaciguan las protestas mediante actos de repudio, exclusiones y encierros de las disidencias, silencios inauditos.  Ahora se hace cada vez más banal la vida en la Isla mediante la aceptación tácita de la violencia, la drogadicción, la ignorancia y la incapacidad estatal, a este estado de cosas y sus reacciones se le puede nombrar, en general, la lógica indigente cubana.

No tener medicinas, padecer de enfermedades evitables y la elevación extraordinaria de la contaminación ambiental, provocan muertes cotidianas, triviales, burocráticas. Las personas aquí -como en los campos de concentración- son números. ¿Cómo es posible que seres humanos educados, artistas, intelectuales, poetas, trabajen felizmente en esta tierra arrasada?  Instaurar una ley buena, la prosperidad para el pueblo y la armonía social es lo que toca en esta hora de los hornos.  ¿Cómo lograr tales fines si al poder no le importa? Calle y campanas con el legado martiano: O ellos o nosotros.

Mario Valdés Navia:

La iniciativa que bajo este título presenta Cuba Próxima a la sociedad cubana para iniciar una “negociación política” entre el Gobierno y sus contrarios -amparada en su largo historial de análisis de los problemas cubanos y razonables propuestas de solución- contiene varias ideas novedosas y pertinentes con el fin de abrir de una vez una verdadera mesa de diálogo nacional en un clima de distensión y apertura. Mas allá de los elementos incluidos en la agenda que adelantan sus autores para la negociación y posterior reforma constitucional, quiero resaltar lo pertinente de la propuesta de un Grupo Facilitador (GF) capaz de actuar de manera autónoma en un contexto polarizado históricamente entre dos bloques: el Gobierno y sus seguidores vs disidentes y opositores; fragmentados, a su vez, en múltiples facciones. La novedad del GF se halla en dos elementos: su carácter aglutinador, y su capacidad para ir en pos del interés nacional más allá de las voluntades del Poder y sus adversarios.

El carácter integrador, no ligado a determinadas organizaciones y figuras, es fundamental para desvirtuar la práctica común del Gobierno de utilizar cualquier proceso de dialogo para imponer soluciones parciales que le permitan seguir disfrutando del Poder omnímodo, a cambio de migajas circunstanciales y, al final, estigmatizar a los promotores dentro de la sociedad civil independiente (SCI) del intercambio pacifico con los mismos términos peyorativos y severas sanciones que suelen utilizar contra todos sus enemigos.  Por demás, este espíritu es fundamental para atraer, tanto a representantes del mayor espectro posible de la rica SCI cubana actual, como a seguidores del régimen que apuesten por el dialogo y la negociación para resolver la crisis que asola el cuerpo y alma de la nación. A su vez, los escépticos y opositores al dialogo con el Gobierno -eternizadores de facto de un régimen que se saben incapaces de destruir por otras vías- deben saber que las puertas del proceso de dialogo permanecerán siempre abiertas para ellos.

Establecer desde un inicio un GF de amplio consenso permitiría disminuir y/o neutralizar la principal debilidad de la SCI cubana, sus diferencias internas y el afán de protagonismo; elementos que han facilitado históricamente al Gobierno el lidiar aisladamente con diferentes organizaciones, diezmarlas y destruirlas a la vista de las demás, sin que la unidad de acción entre ellas se lo haya impedido.  A su vez, el GF focalizaría su labor en demostrar la factibilidad de realizar este dialogo nacional a partir de la creación de un entorno nacional democrático, avalado jurídicamente para reconocer y despenalizar la pluralidad política, y acompañado por reconocidos actores internacionales, tal y como se plantea en la agenda propuesta.  Abrir este túnel de esperanza permitiría movilizar a numerosos actores sociales, individuales y colectivos, renuentes a seguir marchando tras las banderas de un gobierno fallido, pero apáticos a secundar a organizaciones, programas y figuras que apenas conocen. ¡Mis parabienes para esta propuesta por Cuba!

Julio Pernús:

Minutos antes de escribir esta reacción al documento que me envió Roberto Veiga como parte de su labor facilitadora en Cuba Próxima, veía una película croata titulada La Conversación (2024) que relataba el diálogo real entre el mariscal Tito y el arzobispo de Zagreb, beato Luis Alojzije Viktor Stepinac. El jefe comunista le dice al obispo que la fe para él era un abrigo que solo el ser humano se ponía cuando hacía frío.  Aunque siendo alumno del profesor Enrique López Oliva y seguidor de las ideas del P. Cela s.j. comprendí que nunca debemos perder la fe, pienso que la situación en la Isla no arroja muchas luces de un futuro promisorio. Con ese fundamento me aventuro a repasar un poco este dossier que busca propuestas para instaurar en Cuba el imperio de la ley, el bienestar y la concordia. Creo que la fe en la libertad nunca debemos perderla, no la usamos de abrigo, sino de corazón.

Me gusta la idea de lograr una «negociación política», pero qué pasa si una de las partes se niega a sentarse a conversar. La profesora Alina Bárbara Hernández hizo público su deseo de un diálogo con el partido comunista bajo premisas como la planteada en este documento de Cuba Próxima de «incorporar la distención política y favorecer una amnistía reciproca que sea general y plena, excepto para quienes hayan cometido crímenes desde cualquiera de las partes en conflicto». El Estado se ha negado a escuchar este reclamo que cada 18 se convierte en una protesta pacífica. Creo que es clave intentarlo, pero no podemos ser ingenuos, la historia como diría el filósofo Walter Benjamín, está siendo narrada por los que ostentan el poder y la otra parte no tiene una fuerza razonable que impele a esa oligarquía a quebrar su sentir.

El punto de «garantizar los Derechos Humanos y, de este modo, liberar los presos políticos y los derechos de expresión, acceso a la información y prensa, movimiento, reunión, manifestación y asociación, incluyendo los derechos políticos», es de los que me parecen más urgentes con el aliciente de que debemos estar preparados para formar a esos medios alternativos que trataran de ocupar la narrativa en caso de transición. El daño antropológico que ha demostrado el intelectual católico Dagoberto Valdés ha coaptado a las principales voces de las distintas orillas y el discurso de venganza desde la otra orilla suele venir acompañado con un ultra-nacionalismo que uno se preocupa; si Cuba cambia ¿qué tendremos después?, Otaola «presidente». 

Creo que los temas electorales, el fomento de las empresas privadas y demás argumentos que aparecen en esta propuesta de Cuba Próxima son medulares y deben ser abordados. La reforma de la Constitución es lógica, recuerdo que debatimos mucho que somos de las pocas constituciones que establecen la inamovilidad del sistema político reinante. Hubiera deseado que entre las propuestas se ponderara más el rol de la Iglesia como mediador, es la única institución con la capacidad moral y social que puede favorecer un verdadero diálogo en la Isla. Por demás, otro derecho que debe regresar es el de la libertad religiosa sin el control del PCC. Valoro cada esfuerzo que se realiza por el bien de mi país y creo que la clave está en la fe, esa que vio San Agustín en el niño que trataba de sacar con un cubo toda el agua del mar.       

Raudiel Peña:

Me parece que las propuestas son muy necesarias, oportunas y es posible que formen parte de una agenda política más amplia, centrada en la democratización del régimen político cubano. En este sentido, me parece necesario incluir propuestas sobre otras temáticas, como la depuración de la élite política del Partido Comunista de Cuba y la lustración de funcionarios públicos vinculados con hechos represivos. Esos deben ser puntos medulares de una agenda de negociación política. Además, es necesario precisar a qué se refiere el punto referido a la creación de condiciones sociales, económicas y políticas que aporten a la estabilidad y el desarrollo.

Es decir, creo que es importante definir un plan o cronograma de trabajo que permita, al menos, establecer las bases mínimas para lograr las condiciones sociales, económicas y políticas para el desarrollo y la estabilidad de Cuba. Sobre todo, es necesario considerar el horizonte temporal que se traza en el documento, que es de apenas tres años. Sobre la viabilidad de estas propuestas creo que realmente no lo son en las circunstancias actuales.

El gobierno cubano no tiene interés en negociar una salida pactada a la crisis estructural que afecta al país. De tal forma, las propuestas, como dije antes, son necesarias, oportunas y deben integrar una estrategia para salir de la grave situación que padece Cuba, pero son muy poco viables en la actualidad. Mientras las autoridades cubanas puedan administrar la situación del país, por mala que esta sea, y aunque su control se base esencialmente en la represión, no negociarán con sectores de la oposición que realicen propuestas semejantes.

Ahora bien, si las propuestas, primero, se aceptaran por el gobierno cubano y, segundo, se implementarán con un mínimo de eficacia, permitirían abrir una ventana de oportunidad para comenzar un proceso de transición a la democracia en Cuba. Aunque esta posibilidad es remota actualmente, una consecuencia positiva de presentar estas propuestas es que, al menos, desde un sector de la oposición política cubana hay una agenda, por mínima que sea, para sacar al país de su crisis. Una de las consecuencias de que resulte una ingenua ilusión es que sea solo eso, un proyecto ilusorio cuya posibilidad de implementación es, ahora mismo, casi nula.

También otra consecuencia de su inviabilidad actual es que sirva a las autoridades cubanas como un insumo para, si lo consideraran necesario en el futuro, implementar algunos de estos puntos, tras ajustarlos a sus intereses. A lo que me refiero es que la presentación de propuestas para salir de la crisis y democratizar el régimen cubano, las cuales es posible que se formulen con buenas intenciones, son captables por el gobierno y ajustables a sus intereses en circunstancias futuras. No obstante, me parecen propuestas valiosas y que es necesario darlas a conocer, como muestra del interés de Cuba Próxima por implementar un plan alternativo al del gobierno cubano.

Osmel Ramírez Álvarez:

Las pautas trazadas para lograr tal objetivo resumen una excelente hoja de ruta para que el proceso de cambio en Cuba comenzase hoy mismo. Pueden ser consideradas como «mínimos máximos», es decir, «lo máximo que podríamos conseguir de lo mínimo que estaríamos dispuestos a aceptar para participar o avalar». Sería perfecto para comenzar.

No obstante, debemos de ser realistas y estar claros de que, aun bajo la crisis profunda actual y la imposibilidad de sacar al país de ella, el gobierno del PCC, si llega a negociar, lo va a hacer desde una posición de fuerza política y represiva inmensamente grande todavía; y que desde nuestro lado solo haría contrapeso con nuestra «fuerza moral», al defender valores universales como la democracia y los Derechos Humanos. Ese es nuestro capital negociador.

La viabilidad de esta propuesta depende de la voluntad política del régimen en grado sumo y sin ella es imposible. Puede ser conseguida por dos vías: presión popular arrolladora o necesidad de supervivencia con garantías. Lo primero no es imposible, pero hasta ahora el control social totalitario se ha impuesto. Y la segunda manera: ya lo necesitan, pero no sienten que puedan tener las garantías necesarias y por eso no parece estar todavía en su agenda.

Es tarea de la oposición pro-diálogo conseguir que esta opción llegue a la agenda oficial, generando confianza en la capacidad de ofrecer «garantías». Que del lado de ellos siempre va a enfocarse como «a los objetivos de la revolución» y no queda otra que respetar incluso su enfoque. Bajo esta premisa, hay que estar dispuestos a «aceptar» todo lo que represente un avance sustancial y potencial hacia los objetivos mínimos, esos que consideramos «innegociables».

Como negociar es ceder mutuamente y buscar el equilibrio más conveniente para las partes, es posible que la reforma constitucional imprescindible para propiciar cambios democráticos la efectúen ellos solos, sin la participación de opositores, y de tener lo necesario, sería factible apoyarla.

O que, durante la etapa de tres años, que podría considerarse «gobierno de reacomodo», solo el legislativo sea fruto de elecciones democráticas y la del ejecutivo, por cautela, la quieran posponer al otro periodo sucesivo. O incluso, que un potencial proceso constituyente demore un poco más. Todo es posible al negociar con quienes han tenido todo el poder absoluto en sus manos de manera inconsulta con el soberano, y depende demasiado de ellos, de su voluntad política y deseos de cooperación. Por eso no podemos aspirar a conseguir lo óptimo, ni debemos ser intransigentes. Lo importante es conseguir enrumbar al país hacia lo que es «innegociable».

Lo óptimo es, sin dudas, lo que está reflejado en los cinco puntos. Su implementación nos llevaría a una Cuba Mejor. Lo único ingenuo sería creer que va a ser fácil negociar, ponerse rígido o no tener en cuenta los intereses de los que van a ceder ‘poder’. Van a desconfiar de todo, todo el tiempo, y asegurarán cuotas de poder que les garanticen su participación sin riesgos de supervivencia. Pero, aun con sus escoyos preanunciados, es el camino que tenemos que recorrer por el bien de Cuba.

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