La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

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Raúl Castro canceló su reforma y renunció a un legado propio

21 Oct 2023
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Imagen © EFE

“O rectificamos
o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio,
nos hundimos, y hundiremos (…)
el esfuerzo de generaciones enteras”.
Raúl Castro (2010).

Compartimos el capítulo 3 de una serie de 10 capítulos, autoría de Roberto Veiga González, publicados en el Cuaderno No. 15 de este Centro de Estudios con título «Cuba, bordeando el precipicio».

Fidel Castro delegó sus funciones a Raúl Castro, mediante una proclama firmada el 31 de julio de 2006, en la cual declara que lo hace provisionalmente por motivos de salud, pero resultó definitivo.

Este, al asumir el mando, sabía que el país estaba demasiado desprovisto y que la sobrevivencia política del poder radicaba al menos en el arrastre de tres condiciones ya desaparecidas. Estas eran: 1) Un líder carismático, que poseía una intrínseca naturaleza política y disfrutaba de una extraordinaria capacidad de maniobra. 2) Un pueblo, la mayoría de la sociedad, que en 1959 se integró como un todo a este líder y que además sentía que junto a él ya había “tomado el lugar del paraíso” y se disponía a construirlo casi a toda costa. 3) Un mundo “otro” (la URSS y el llamado campo socialista) al cual girarse como consecuencia de la ruptura con Estados Unidos y, en cierta medida, con el hemisferio occidental.

Por ello, se propone realizar algunos cambios que ofrezcan nuevas condiciones de sobrevivencia política. Anuncia una reforma que denomina “estructural y de concepto” sobre cuestiones económicas, sociales e institucionales. Solamente al visitar al papa Francisco en Roma, en 2015, incorporó que la reforma sería además política -nunca más fue escuchada esta acotación-.  

Comprendía la necesidad de grandes transformaciones, pero sólo se impuso reforzar condiciones para que sus “herederos políticos” la realizaran con posterioridad. Entre ellas se encontraban, el logro de una economía eficiente, una mayor eficacia de las instituciones del Estado y una multilateralización de las relaciones internacionales que sería dispuesta a favor de las trasformaciones internas. Sabía, además, que todo ello no sería factible ni estable sin normalizar los vínculos entre Cuba y Estados Unidos.

Mas, en poco tiempo, Raúl Castro canceló este proceso de reforma y renunció a un legado propio, pues un conjunto de circunstancias le hizo percibir que estaba en desventaja, en torno a la única metodología que aceptaba: “sin prisa, pero sin pausa”. Estimó que las nuevas circunstancias esbozaban un escenario que muy pronto desbordaría ese corsé procesal y podía perder el control político de la situación.

El restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos fue anunciado públicamente por los mandatarios de ambos países el 17 de diciembre de 2014 y en la tarde del 22 de marzo de 2016, al concluir Barack Obama su discurso en La Habana, el Gobierno cubano inició abiertamente la inhabilitación de este proceso. No se desenlazó desde Estados Unidos, ni fue Donald Trump, si bien después todo se ensombreció con él.

Se concebía que el mundo apoyara a Cuba para que estuviera en condiciones de efectuar las reformas internas. Pero el “portazo” a la política de Barack Obama hacia la Isla convenció a los poderes internacionales de que esa política es exigua. Por esto, es muy probable que de ahí en adelante el camino tendría que ser inverso: serían las transformaciones en Cuba las que estarían llamadas a ser un pilar para la cooperación internacional. En tal sentido, acaso yerran quienes estiman que cualquier negociación con Estados Unidos podría retomarse en el punto donde fue cancelada por Cuba durante la era Obama.

A la vez, no faltan quienes estiman que sin una modificación de estructuras en la Isla no sería posible (no ya ideológicamente, sino práctica y funcionalmente) un acople entre los dos países (en lo económico, en lo civil, etcétera), que beneficie a la sociedad cubana, no meramente simbólico. Incluso, en este sentido, algunos consideran que el Gobierno cubano debería dejar claro si lo que busca es un estatus de relación entre los dos Gobiernos que cancele la confrontación y, de este modo, le haga fácil el acceso al “sistema mundo”, pero sin vínculos reales entre ambas sociedades.

Igualmente, el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en abril de 2011, había aceptado el mercado en la economía -aunque deseaba mantener la centralidad de las empresas estatales y el control de precios-, y permitió el inicio de una nueva perspectiva del trabajo por cuenta propia, de cooperativas realmente privadas y de incipientes pymes, que mostraron vitalidad con prontitud. Pero en el segundo semestre de 2016, el poder también decidió quebrantar el desarrollo de estos nuevos instrumentos, pues consideró que ofrecían un mensaje ideológico adverso ante la obviedad de que el mercado y la propiedad privada mostraban mayor eficacia que la planificación y administración estatal centralizada y las empresas estatales.    

Impusieron entonces un absurdo. Decidieron que el desarrollo del sector económico privado siempre tendría que ser menor al desarrollo del sector estatal. Imaginemos esto en las condiciones de Cuba, con un Estado sin capital, sin tecnología y sin otras condiciones necesarias para el desarrollo de un empresariado público. En tal sentido, establecieron la asfixia del emergente sector privado para que este no sobrepase las ruinas de un empeño fracaso. Quedó así refrendada la pobreza creciente y proscrita cualquier probabilidad de progreso.

Por esos años también alcanzó pujanza cierto desempeño social con autonomía del Estado, que los diplomáticos acreditados en la Isla llamaban “zona gris”, porque no eran legales y eran continuamente vigilados, limitados y afectados de varios modos, pero a la vez no eran penalizados y resultaban de alguna manera tolerados siempre que se mantuvieran con capacidades funcionales mínimas. Entre ellos, por ejemplo, la Cofradía de la Negritud, con su boletín; El guardabosques, con su boletín; la Red Protagónica Observatorio Critico, con su compendio de noticias y análisis; Estado de Sats; el Laboratorio de Ideas Cuba Posible; el Proyecto La Joven Cuba; y la Plataforma El Toque.

En la Iglesia Católica, por mencionar algunos espacios de la Arquidiócesis de La Habana, el Aula Fray Bartolomé de Las Casas (de los padres dominicos); el Centro Fe y Cultura (de los padres jesuitas); la Cátedra Razón y Fe; SIGNIS-Cuba; el Centro de Bioética Juan Pablo II; el Centro de Estudios Arquidiocesano, y las revistas ECOS, Vivarium, Spes Habana, Amor y Vida, Bioética, Palabra Nueva y Espacio Laical. Las iglesias evangélicas también desarrollaron espacios de este tipo; por ejemplo, el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo de Cárdenas.

El Gobierno ya quebrantaba muchas de estas labores, desde distintos momentos y diversas formas; con mayor fuerza en aquellas no pertenecientes a instituciones eclesiales. Pero en el segundo semestre de 2016 decidió criminalizar y quebrantar definitivamente esa denominada “zona gris”; y lo hizo con mayor fuerza contra las posiciones que alcanzaban legitimidad en las bases y cuadros de la propia oficialidad, pues consideró que instituían la duda en los suyos cuando requería la fe de estos.

Tanto antes como después del Séptimo Congreso del PCC, en abril de 2016, el poder focalizó el ataque ideológico sobre el Laboratorio de Ideas Cuba Posible, con una campaña de meses a través de los medios del PCC, que fue ripostada con una amplia participación. Todo ello quedó recopilado en el Cuaderno No. 49 de Cuba Posible, titulado ¿«Centrismo» o ejercicio de la libertad ciudadana en Cuba? En paralelo fue desplegado un quehacer nacional e internacional de asilamiento y asfixia, que incluyó agresiones personales y familiares, no públicas.  

En marzo de 2017 el presidente Raúl Castro, en sesión extraordinaria del Parlamento, canceló definitivamente su “reforma” y la TV transmitió entrevistas a diputados que expresaban desaprobación de las posturas “posibilistas”; además, el periódico Granma dedicó una página completa en contra de este “posibilismo”.

Sin embargo, con ello no fracasaron tales proyectos, ni Cuba Posible. Quien fracasó fue la represión, al menos por cinco razones.

Primero, demostró que era posible, inclusive en un régimen no democrático, abrir un espacio para discutir, dialogar y discrepar civilizadamente, más allá de otros espacios limitados con auspicio oficial; que además comenzó a educar sobre cómo se discrepa y por qué ello resulta bueno y sano; y del respeto a las personas y los criterios que demanda todo diálogo. A la vez no se limitó a una franja social y política, pues -si bien no absoluta- incorporó una gran amplitud.

Segundo, no sólo ofreció testimonio acerca de una amplitud temática, sino además fue una red solidaria por medio de un grupo muy heterogéneo que descubre que existe y, por tanto, genera vínculos de respeto, apoyo, amistad y siempre solidaridad, como parte fundamental del nacimiento de la “sociedad civil” en el importante sentido técnico de esa expresión.

Tercero, demostró que hubo, y que hay, opciones, no solamente una. No se trata simplemente de conservadurismos, represiones, revanchismos, porque existe una gama de posibilidades.

Cuarto, esas ideas son semillas que perdurarán. Ciertamente, no todas, pues algunas se perderán, pero la siembra hará posible alguna cosecha.

Quinta, quien fracasó fue la represión. Al intentar desacreditar a estos actores y asfixiar sus posibilidades polarizaron las circunstancias y lograron una oposición francamente radical. De ese modo quedó demostrado que cerrar las puertas y las ventanas jamás será una opción política estable.

Con este final fue clausurada quizá la última oportunidad para un cambio sociopolítico en Cuba sereno, a modo de evolución, sin que llegara a espantar el dolor de los cubanos.

SOBRE LOS AUTORES

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Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho y Políticas Públicas

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Comentarios

  1. Estoy perfectamente de acuerdo, con el argumento que se pone en el artículo, lo único es que sigo sin entender, cual fue el punto de inflexión, y estoy seguro que eso data desde que se cambio el proyecto de constucion, primero, por el segundo, que fue el que al final se aprobó. En su artículo 5.

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