Declaración de “Cuba Próxima”
El Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho “Cuba Próxima” observa con extrema alarma el abismo social y político hacia el que se encamina nuestra nación. Es imperativo detener el sufrimiento. Ni un ápice más de dolor al pueblo, ni un acto más de violencia política. Estos no son meros errores de gestión, sino inercias absurdas que nos proyectan hacia la descomposición social y la ruina irreversible del tejido nacional.
La grave y dramática crisis que padece el pueblo cubano ha alcanzado niveles de insostenibilidad humana. Este escenario no es fortuito, sino el resultado de una tenaza asfixiante de doble presión.
Por un lado, la resistencia del poder en la Isla a ejecutar las transformaciones políticas, económicas y sociales que el país urge para garantizar el bienestar, la libertad y la dignidad ciudadana. Por otro, el prolongado conflicto entre Cuba y Estados Unidos —ahora agravado— que, si bien no constituye la «causa eficiente» de la crisis, afecta profundamente a la sociedad y especialmente a los sectores más vulnerables. Este conflicto se mantiene bajo un «enroque» político que supedita la solución de la crisis interna a la necesaria normalización de los vínculos bilaterales.
Esta dinámica ha institucionalizado una estructura de pobreza sistémica y desesperanza generalizada. Lejos de amainar, la crisis exacerba la polarización y un clima de violencia cuyo síntoma más reciente y sombrío es el enfrentamiento armado en las costas cubanas; un suceso que permanece sólo bajo el monopolio informativo del Ministerio del Interior.
«Cuba Próxima» reitera su llamado urgente a dos procesos convergentes, civilizados y pacíficos: primero, un diálogo soberano entre cubanos —eje fundamental e inalienable de nuestra solución— basado en la inclusividad y la buena fe, donde todos los sectores nacionales tengan voz y voto en la arquitectura del futuro. Segundo, una normalización entre Cuba y EE. UU., sostenida estrictamente en el respeto a la soberanía, la reciprocidad y el cese de las afectaciones a la ciudadanía.
Ante las evidencias de una posible negociación “secreta” entre las cúpulas de La Habana y Washington —paradójicamente instrumentalizada mediante una simulación en redes sociales—, manifestamos nuestro firme rechazo al secretismo. La diplomacia no puede ser un ejercicio de sombras mientras el pueblo sucumbe a la carencia.
Exigimos que cualquier acercamiento abandone la opacidad y ofrezca soluciones prontas, tangibles y suficientes al dolor ciudadano. Es hora de sustituir la discrecionalidad por la transparencia pública y, sobre todo, de incorporar al pueblo cubano —al soberano— en la mesa de negociación. Solo la integración de las agendas que expresan el padecimiento de la sociedad y sus anhelos de cambio permitirá enrumbar definitivamente al país hacia la Cuba de derechos, libertad y prosperidad que demandamos.
Junta Directiva, 2 de marzo de 2026.
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