La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

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La Real Compañía de Comercio y GAESA: coincidencias y divergencias

Lo que no se atrevió a hacer la Real Compañía de Comercio con la colonia cubana lo está haciendo esta megaempresa con el pueblo trabajador en un Estado supuestamente socialista. Con su soberbia y codicia desenfrenadas ha destruido la economía y la sociedad cubanas y puesto en peligro el futuro de la nación

24 Ene 2024
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Imagen © Finearteamerica

En esta etapa de crisis estructural del socialismo estatizado y burocrático cubano la política económica del régimen apuesta por un autoritario capitalismo de Estado que prioriza la maximización de la ganancia del sujeto económico principal del país: el supermonopolio GAESA, propiedad exclusiva del grupo de poder hegemónico.

Para ello se impusieron al país, no solo el monopolio exclusivo de esta empresa privada a la exportación/importación de los bienes y servicios fundamentales, sino también el saqueo de los fondos del agro, la industria y los servicios, tanto estatales como privados; control de las remesas y reducción de los gastos sociales. El resultado más evidente es la sobreexplotación a los trabajadores y sus familias, tanto en la Isla como emigrados, mediante la diversidad monetaria y cambiaria, el incremento de la deuda pública y la inflación galopante.

No obstante, la aspiración plutocrática de crear un supermonopolio que controlara las principales actividades de comercio exterior e interior de la Isla no es nueva. Entre 1740-1757, la Corona y sus aliados de la élite peninsular y criolla, constituyeron la poderosa Real Compañía de Comercio de La Habana. Su fin era controlar absolutamente la exportación de los valiosos productos del campo cubano (azúcar, mieles, café, tabaco, cueros) y, al unísono, el de la importación de bienes manufacturados, preferentemente insumos industriales y agrícolas para la creciente agroindustria azucarera.

Si esta megacompañía real tenía tanto poder ¿por qué duró tan solo diecisiete años? ¿Acaso fue tiempo suficiente para que los mandamases de entonces comprendieran que ese camino llevaba a la economía insular a una ruina segura, lo cual equivaldría a matar la gallina de los huevos de oro? ¿Será que los políticos absolutistas de aquella época se mostraron más inteligentes, flexibles y previsores que los actuales?

I

La llegada al poder en España de la dinastía de Los Borbones (1700) significó para Cuba un incremento sustancial de la centralización política y económica y la militarización, impulsadas por el papel más activo que le correspondió en la nueva geopolítica europea. El contexto estaba marcado por el estallido de la Guerra de Sucesión Española (1701-1713), tras el Pacto de Familia entre España y Francia, al que se enfrentaron Austria, Inglaterra y los Países Bajos.

Para Cuba fue un entorno muy peligroso ya que el interés manifiesto de ingleses y holandeses por arrebatar a España sus colonias de Ultramar, y su indiscutida superioridad naval, condujeron a un crecimiento del corso en El Caribe y el acoso a la Flota de la Plata. Terminada la guerra (Tratado de Utrecht, 1713), Inglaterra se consolidó como Reina de los Mares, lo que impulsó la incipiente economía de plantación en la Isla al concederse a los victoriosos ingleses el asiento para vender esclavos africanos (bozales).

El fin de la guerra y la instauración en España de un Estado único, absolutista y centralizado verticalmente al estilo francés, unido a las ansias de Felipe V por reponer sus arcas exhaustas, llevaron al establecimiento en Cuba del Estanco del Tabaco (1717), el monopolio real absoluto sobre la compra y exportación de la cotizada hoja. Las factorías de la compañía en La Habana, Santiago de Cuba, Trinidad, Sancti Spiritus y Bayamo intentaron infructuosamente acopiar por la fuerza militar toda la cosecha de los campesinos.

La repulsa de la sociedad al Estanco fue general, ya que no solo fueron afectados los pequeños campesinos –en su mayoría inmigrantes canarios−, sino muchos otros sectores sociales beneficiados con la producción y comercialización de la solanácea (ayuntamientos, terratenientes, comerciantes, militares, eclesiásticos). Por su parte, los vegueros se las ingeniaban para burlar el monopolio de múltiples formas y continuar su acostumbrado y lucrativo comercio con particulares, tanto españoles como contrabandistas extranjeros.

El malestar alcanzó su apogeo con las Sublevaciones de los Vegueros en las zonas agrícolas colindantes con La Habana (1717, 1720 y 1723). Sin embargo, los beneficios extraordinarios del tabaco en Europa convencieron al Rey y las élites de la conveniencia de extender el Estanco al resto de las producciones exportables y bienes de importación de la economía insular.

En ese contexto centralizador y despótico es que nace y se concreta la idea de crear un supermonopolio, la Real Compañía de Comercio de La Habana (1740), que fuera capaz de  expoliar a los súbditos coloniales hasta la última moneda en aras de inflar las arcas de la Corona, los Grandes de España, las máximas autoridades de la Isla y los comerciantes vinculados a ella.

Desde su implantación se acrecentaron los niveles de resistencia de los vecinos al monopolio abusivo y su creatividad para burlarlo. Hacia los años cincuenta, ya estaba demostrado que el desempeño rentable de la superentidad era imposible debido al auge del contrabando y la resistencia de los productores a satisfacer sus absurdos mecanismos de extorsión.

Ante la baja sostenida de sus ganancias, los grandes accionistas decidieron clausurar la Real Compañía, abrir el país al comercio libre con el resto del Imperio y los países aliados y concentrarse en el cobro de grandes impuestos, sobre todo de aduana. Con la creciente libertad de comercio, pronto Cuba se convirtió en la fuente principal de ingresos del presupuesto español: la Perla de la Corona.

II

Más de dos siglos después, en 1959, en circunstancias similares en cuanto a la hegemonía política indiscutida de un pequeño grupo de poder, lleno de ínfulas de invencibilidad, soberbia y desprecio hacia el resto de la sociedad, y embebido de ideas y prácticas militaristas; nuevamente se volvió a soñar con una entidad gubernamental que controlara toda la actividad económica y, precisamente por ello, fuera capaz de acaparar todos los ingresos de la Nación para usarlos según su arbitrio.

La idea predominante en aquel  momento era que el Estado socialista funcionaría como LA EMPRESA única y las demás serían solo talleres y establecimientos suyos. Esa era la quintaesencia del Sistema de Financiamiento Presupuestario (Che) donde las empresas no tenían autogestión económico-financiera, sino que sus ingresos pasaban íntegramente al Estado quien les asignaba los recursos según su arbitrio. Con algunas variaciones epocales, las esencias de este modo de pensar y hacer se mantienen hasta hoy

Lo primero que se hizo para lograr esto fue un proceso acelerado de estatización de la propiedad que incluyó diversas medidas de supuesta socialización socialista: leyes de nacionalización (1960); Segunda Ley de reforma Agraria (1963); Ofensiva revolucionaria (1968)… A ellas se agregó la manipulación de otras que, aunque no eran estatistas en sus inicios, terminaron siéndolo por la forma en que fueron aplicadas: Recuperación de bienes malversados (1959), Primera ley de reforma agraria (1959), Reforma urbana (1959)…

Luego, ya en plena construcción socialista, se centralizó toda la vida económica a un nivel nunca visto en la URSS y demás países socialistas.  Así, en 1962 se constituyeron los Órganos Nacionales de Acopio, especializados por productos y organizados en empresas nacionales altamente centralizadas, como las del Grano, Café y Tabaco, que luego se unieron para formar la Red nacional única de Acopio subordinada al INRA.

La obsesión centralizadora llevó al establecimiento de una Junta Nacional para la Distribución que implantó el racionamiento de los abastecimientos agro-alimenticios e industriales (1962). Esto motivó la primera manifestación pública contra el Gobierno Revolucionario Provisional, la Protesta de los Calderos, en Cárdenas, protagonizada por amas de casa que coreaban: “Queremos comida! ¡Tenemos hambre!”. La cartilla cubana de racionamiento posee Récord Guinness como la más longeva del mundo.

Hacia 1966, la vía cooperativa de socialización de la tierra fue abandonada por evolutiva y se fomentó la estatalización directa de las fincas campesinas mediante compra o arriendo. Con el apoyo de la ANAP, más de 30 000 campesinos fueron integrados a estos planes bajo diferentes formas de coerción y el sector estatal llegó a concentrar más del 80% del fondo de tierra cultivable.

La agricultura fue reorganizada en Planes Especiales ─“integrales, especializados y dirigidos”─ surgidos por iniciativa del Gobierno, de espaldas al mercado y la experiencia campesina. Entre estos: Plan de Cítricos de Jagüey Grande; Yabú y La Vitrina (Las Villas); Plan del Gandul, Cordón de La Habana, hasta una treintena. La mayoría fracasaron estrepitosamente.  

Cuando sobrevino el desastre de la Zafra de los Diez Millones fue preciso copiar el modelo soviético del cálculo económico mediante un Sistema de Dirección y Planificación de la Economía basado en la autogestión empresarial, Sólo duró una década (1975-1985). Con la llamada Rectificación de errores y tendencias negativas (1985-1990) nuevamente se acentuó la centralización.  

El contingente Blas Roca, organizado como una fuerza paramilitar, devino abanderado de las ideas de Fidel sobre la prioridad de los factores de movilización política en la actividad económica. Sin embargo, ante la necesidad creciente de divisas, el Gobierno no dudó en establecer Casas del Oro y la Plata (1987). En ellas los ciudadanos, motivados por la escasez, acudían como los aruacos del siglo XVI a cambiar sus objetos de valor (monedas, joyas, gemas) a precios irrisorios por bonos para comprar mercancías en tiendas especiales.

La crisis del Período Especial provocó la inoperancia del modelo de socialismo real criollo y la necesidad de introducir el trabajo privado y el Capitalismo de Estado como salvavidas del Poder hegemónico. En 1995, ocurrieron dos acontecimientos que cambiarían el estilo de gobernanza en Cuba.

Por un lado, llega al poder Carlos Lage, quien desde su posición como secretario del Consejo de Ministros y vicepresidente del Consejo de Estado actuaría como un premier  hasta ser destituido en 2009. Por el otro, se organiza el holding GAESA (Grupo de Administración Empresarial, S.A.). Su CEO fundador sería el brigadier Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl. Ahora no sería el Gobierno el que actuaría como LA EMPRESA, sino GAESA, consorcio de origen militar, inscripto  en Panamá, y formado por empresas propiedad de grandes accionistas privados.

Desde entonces, la megacorporación inició un proceso de expansión económica que la llevó a controlar las empresas más rentables del país en todos los ámbitos: CIMEX (inmobiliarias, bancos, restauración, gasolineras, supermercados y más de doscientos almacenes);  CUBANACÁN y GAVIOTA (hotelería y turismo); SASA (servicio automotriz y alquiler de coches para turistas); GEOCUBA (cartografía y producciones audiovisuales); TECNOTEX (importación-exportación de  tecnologías  y servicios); AGROTEX  (agricultura),  SERMAR (astilleros).

En un proceso que sirvió para despejarle el camino de competidores a GAESA, desde 1999 el entorno económico flexibilizador fue desapareciendo a golpe de nuevas medidas centralizadoras. Las asociaciones mixtas fueron reducidas y eliminados los negocios inmobiliarios extranjeros; disminuidas selectivamente las empresas cubanas autorizadas a realizar operaciones directas de comercio exterior e incrementada la aversión  al emergente sector privado.

Para asegurar el control de las divisas por el Gobierno a través de los bancos de GAESA, en 2003 se sustituyó el USD por el Peso Cubano Convertible (CUC) en las transacciones entre las empresas estatales y se centralizó absolutamente la asignación y utilización de divisas. Un año después, el uso del CUC se  extendió a las transacciones con la población, lo cual obligaba al cambio de las divisas para la circulación monetaria interna.

Enfermo Fidel y separado del poder desde 2008, el camino de la adjudicación a GAESA de la economía nacional quedó expedito. En 2009, fueron separados de sus cargos Carlos Lage y casi toda la generación de jóvenes políticos formados como sustitutos de la llamada Generación Histórica. Tras la purga, Raúl colocó a militares de confianza en los puestos claves del Gobierno. Del anterior equipo económico solo quedó Manuel Marrero ─fundador de GAVIOTA SA─, quien conservó su cargo como ministro de turismo.

Desde 2009, el Gobierno fue extinguiendo grandes empresas que aún quedaban y transfiriendo sus activos y negocios a GAESA. Entre ellas: CUBALSE (2009); ETECSA (2011) ─comprada a TELECON ITALIA─; BFI (2016);  HABAGUANEX (2017). Al controlar el comercio externo y el interno dolarizado, el turismo y los servicios financieros (remesas, tarjetas MLC…), GAESA gestionaba un gigantesco negocio que hasta la pandemia 2020 generaba unos 8 000 millones de USD anuales.

El predominio de GAESA en la economía cubana ha llevado a la ruina al resto de las empresas y sectores económicos. La posibilidad de emplear el fondo de inversiones del Estado para financiar su gigantesco e inacabable proceso inversionista en la construcción de nuevas capacidades hoteleras, cuando las existentes apenas se ocupan por debajo del 50%, ha condenado a la inopia a la infraestructura, ramas tradicionales de la producción (agro, industria, minería), los servicios (salud, educación, comunales) y el propio mantenimiento de la red hotelera.

Ni siquiera con la llegada de la pandemia se detuvo este proceso de canibaleo de la economía nacional por su supuesto hijo pródigo. Los más de 60 000 fallecidos del año 2021 por encima del 2020 y el éxodo de cientos de miles de habitantes de todas las generaciones han demostrado cuanto sufre el pueblo por los desmanes de GAESA. La Tarea Ordenamiento y el sostenimiento del mercado en MLC y  divisas puestas en el exterior, sin satisfacer las mínimas necesidades del pueblo humilde, son prueba fehaciente de hasta donde es capaz de llegar este supermonopolio en su despiadado saqueo de Cuba.

Lo que no se atrevió a hacer la Real Compañía de Comercio con la colonia cubana lo está haciendo esta megaempresa con el pueblo trabajador en un Estado supuestamente socialista. Con su soberbia y codicia desenfrenadas ha destruido la economía y la sociedad cubanas y puesto en peligro el futuro de la nación.

SOBRE LOS AUTORES

( 6 Artículos publicados )

Profesor, ensayista e historiador. Doctor en Ciencias Pedagógicas.

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