La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

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2026: El año para iniciar la solución profunda que Cuba necesita

Editorial del Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho “Cuba Próxima”

10 Dic 2025
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Imagen © AFP

Cuba entrará en el año 2026 cercada por una crisis que ha sobrepasado límites humanos y que continúa desfigurando el destino de la nación. No es ya una crisis económica, ni una crisis política, ni una crisis social aislada. Es un quebranto integral del proyecto de país, un deterioro que consume la dignidad cotidiana de millones de cubanos que no pueden seguir sosteniendo este sufrimiento. El dolor de las familias, la desesperanza de los jóvenes, la parálisis institucional, la precariedad material y el éxodo que vacía nuestras comunidades constituyen señales inequívocas de que el tiempo de una respuesta profunda no solo llegó, son que urge con dramática inmediatez.

En este contexto, el Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho “Cuba Próxima” considera que el año 2026 debe ser el punto de partida de un proceso serio, ético y de responsabilidad histórica, capaz de encarar con realismo y valentía los factores que sostienen la crisis y los caminos que pueden superarla. Ello solo será posible si todas las partes políticas e institucionales asumen una postura inequívoca, franca y abierta a una apertura acordada y constructiva. Una apertura que no sea cosmética, sino dotada de voluntad genuina, visión pública y sentido nacional. Porque el país ya no resiste improvisaciones, ni dilaciones, ni gestos mínimos, sino que necesita una decisión colectiva de salvarse.

“Cuba Próxima” ha sostenido que la salida a la crisis cubana no puede ser fragmentaria ni sectorial. Requiere, en cambio, una visión estructural y multidimensional que se despliegue en tres procesos paralelos y complementarios, concebidos como engranajes de un mismo propósito histórico, o sea, un proceso de transformaciones internas profundas.

Este proceso es la esencia del cambio. Sin transformaciones dentro de Cuba —institucionales, económicas, jurídicas, sociales y políticas— no habrá recuperación posible. La crisis que vacía la Isla, que precariza la vida y que destruye las capacidades de la nación solo podrá revertirse mediante reformas de gran calado, ordenadas y transparentes. Es la nación la que exige este proceso, no un grupo, ni una ideología, ni un interés particular. Es la urgencia de salvar la casa común.

También será importante un proceso constructivo entre Cuba y Estados Unidos, pues el conflicto bilateral no es la causa principal de la crisis interna, pero sí agrava sus efectos y dificulta la búsqueda de soluciones. Tampoco se trata de supeditar la agenda cubana a la agenda bilateral, sino de hacer comprender que un país en ruinas no puede sostener ese conflicto que desgasta recursos y deshace oportunidades.

Asimismo, hará falta un proceso de inserción amplia y responsable en el mundo. La Unión Europea debe desempeñar un papel potencialmente decisivo dentro de este proceso. Su capacidad para acompañar transiciones democráticas —desde el respeto, la cooperación técnica y la inversión responsable— la convierte en un actor invaluable para Cuba. Una nueva inserción internacional debe incluir ayuda para superar la crisis económica, apoyo al fortalecimiento institucional y un compromiso con la prosperidad que se traduzca en resultados visibles y sostenidos.

“Cuba Próxima” aboga igualmente por una participación activa y coordinada de la Iglesia Católica en Cuba y la Santa Sede, pues resultan actores imprescindibles. Se trata de una institución milenaria con vocación universal, con larga experiencia en mediación, reconciliación, diálogo, asistencia humanitaria y solución de conflictos.

En Cuba, su contribución ha sido notable. Intervino para la liberación de presos por motivos políticos, acompañó procesos de deshielo entre Cuba y Estados Unidos y ha mantenido un compromiso sostenido con la dignidad humana. Además, posee un arraigo sociopolítico singular, pues está presente en la Isla desde los orígenes de la nación, en cada provincia, en cada comunidad, y forma parte de nuestra identidad cultural y espiritual. Su presencia puede aportar confianza, legitimidad moral y capacidad de encuentro en un momento en el que el país necesita puentes, no trincheras.

Este editorial reafirma lo planteado por “Cuba Próxima” el pasado 8 de septiembre, en su documento Primeros pasos para una salida nacional. Allí propusimos medidas inmediatas, plenamente posibles dentro del marco legal vigente, que podrían inaugurar una ruta de reformas graduales y estructurales. Estas son: Elaborar una estrategia económica integral, creíble y transparente. Crear la Sala de Garantías Constitucionales según la Ley 140/2021. Implementar la autonomía municipal, conforme al artículo 168 de la Constitución. Reconocer legalmente organizaciones de trabajadores y empresarios, e instituir una negociación social sistemática entre ambas partes y el Estado. Iniciar la reforma de la Ley Electoral, imprescindible para un proceso 2027–2028 legítimo y funcional.

También reiteramos lo sostenido en nuestro documento del 30 de octubre, donde invitamos a considerar las propuestas de nuestro documento Pilares de la institucionalización empresarial y comercial. Este esquema establece una hoja de ruta para edificar un marco normativo que convierta al emprendimiento y al comercio en motores sostenibles del desarrollo y del bienestar de cada cubano.

Y reafirmamos algo esencial, ningún progreso económico será justo ni perdurable si descuida los derechos laborales. Allí donde hay un empleador y un empleado, surge una relación de poder que requiere instituciones fuertes para equilibrarse, evitar abusos y resolver conflictos. La dignidad, la protección social y la participación equitativa de los trabajadores deben ser el corazón de cualquier modelo de prosperidad real.

El Centro asimismo respalda la reciente declaración de la Concertación Democrática Cubana “D Frente”, que propone una Ley Electoral Provisional para el proceso 2027–2028. Consideramos que esta iniciativa representa un ejercicio de responsabilidad nacional, que ofrece una herramienta jurídica viable para un proceso electoral libre, transparente y participativo, capaz de renovar instituciones sin ruptura, pero con una firme decisión de cambio.

Sin una ruta clara de solución, con una estrategia disruptiva y fundamentada en la razón, la transparencia y el respeto recíproco, no habrá voluntad política suficiente de las partes políticas ni participación social sostenida.

Un Gobierno, como el de Cuba, tan estropeado y desesperanzado, no puede permitirse rechazar un acuerdo que tenga verdadera vitalidad histórica. Puede hacerlo, sí; pero quizá no sobrevivir a sus propias decisiones. El reloj nacional está agotado.

Tal vez, entonces, la solución dependerá de que nuestra pluralidad —institucional, social, política, religiosa, territorial, generacional— sea capaz de prefigurar esa ruta efectiva, una ruta que todos podamos recorrer con confianza y vigilancia cívica.

“Cuba Próxima” propone unos horizontes políticos guiados por un Estado de Derecho, una democracia funcional, una inclusión social y política que sea real, y un modelo de economía y trabajo que genere bienestar general y atienda a las personas en situación de desventaja. También consideramos imprescindible un proceso de Reconciliación Nacional, fundado en la paz, la justicia y la transparencia. No podremos reconstruir sin sanar; no podremos sanar sin verdad; no podremos avanzar sin justicia.

No habrá reconciliación verdadera mientras existan personas encarceladas por motivos políticos. No habrá diálogo creíble si la libertad del ciudadano sigue condicionada. Por ello, este Centro reitera —con urgencia moral— que el Gobierno de Cuba debe liberar de forma pronta e incondicional a todos los presos por razones políticas. Este gesto es indispensable para abrir un nuevo ciclo nacional y sería, además, una señal inequívoca de voluntad transformadora.

Cuba tiene una oportunidad histórica en 2026. No es una oportunidad otorgada, sino conquistada por la resistencia diaria de su pueblo, por su cultura de solidaridad y por la decisión, silenciosa pero firme, de no renunciar a la esperanza. Hoy la nación necesita un acuerdo, una visión, un compromiso auténtico. Este es el instante de articular ese compromiso.

Este es el momento de levantarnos con dignidad y de mirar más allá del miedo y del cansancio. Este es el momento de que cada actor —público, privado, institucional, social y religioso— asuma la altura que demanda la historia. Porque si Cuba es todavía un sueño posible, es nuestra responsabilidad colectiva impedir que este se convierta en una memoria perdida.

2026 debe ser el inicio de la solución. Y la solución debe ser el inicio de una nueva Cuba.

Junta Directiva, 10 de diciembre de 2025.

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Comentarios

  1. Quizás sea un poco de depresión, pero ya he oído muchas veces que el año que viene es el año para iniciar la solución.

    ¿Se acuerdan, en el ya algo lejano 2018, la consigna de “ni un año más”?

    Algo estamos haciendo mal, o algo no estamos haciendo, pero esto no funciona.

    Esto me hace recordar el testamento político del tantas veces criticado comandante Gutiérrez Menoyo: “…Porque, no importa cómo, la suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor. Yo sé que habrá una mariposa que se posará en la sombra….”

    Yo también creo que Cuba será libre, pero nos hemos equivocado y seguimos haciéndolo.

  2. Saludo el texto y comento que 2026 será el año del cambio en Cuba, sin duda alguna. Cuba Próxima ha hecho un trabajo cuidadoso y de enorme valor para que la transición a la democracia sea verdaderamente un punto de partida para la reconstrucción exitosa de Cuba en todos los órdenes. De hecho, contamos con una sólida guía de actuación en sus documentos y propuestas . La plataforma está lista para ser un actor fundamental en la transición a la democracia en el país.
    Todo mi modesto apoyo y reconocimiento.
    S

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