La Patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos. José Martí

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Por un punto de encuentro nacional: Amnistía inmediata y elecciones plurales para detener el agotamiento de Cuba

Declaración oficial del Centro de Acción Política “Cuba Próxima”

27 Oct 2026
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Cuba atraviesa un momento trágico en el que el desgaste político, socioeconómico e institucional ha alcanzado niveles sin precedentes. El agotamiento nacional es profundo, dramático y progresivo; un deterioro continuo que compromete el presente y la viabilidad misma de la nación, sometiendo al pueblo cubano a sufrimientos insostenibles. Frente a esta realidad, prolongar el conflicto mediante el inmovilismo o la confrontación sin salida no es una opción viable.

Es imperativo detener este declive y abrir de manera urgente un canal pacífico, institucional y legítimo para la recuperación integral del país. El Centro de Acción Política “Cuba Próxima”, desde su compromiso irrenunciable con la democracia, la soberanía popular y los Derechos Humanos, convoca con carácter de máxima urgencia a la concreción inmediata de dos exigencias fundamentales:

1- Amnistía general e incondicional para todos los presos por motivos políticos.

    La liberación inmediata y sin condiciones de todas las personas privadas de libertad por ejercer sus derechos políticos y civiles o manifestar su disenso es el primer paso indispensable para cualquier horizonte de convivencia. No es posible construir un futuro común mientras persista la represión por motivos de conciencia. La amnistía restablecerá un mínimo ético de justicia, aliviará el dolor de miles de familias e imprimirá al proceso el clima de confianza necesario para superar la crispación social.  

    En este esfuerzo, el Centro de Acción Política “Cuba Próxima” apoya la Ley de Amnistía y Despenalización del Disenso, propuesta por el Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC), y promovida actualmente por las diversas organizaciones que integran el Foro Acción por la Amnistía 2026.

    2- Convocatoria a un proceso electoral libre, plural y competitivo.

    Instamos a la organización y celebración, a la mayor brevedad posible, de un proceso electoral que garantice condiciones de pluralismo, competencia equitativa y libertad de opción para todos los sectores de la sociedad. Aún dentro del actual marco legal e institucional, es preciso habilitar garantías electorales reales para que la ciudadanía pueda ejercer su soberanía de forma directa. Quienes resulten electos en este proceso contarán con la legitimidad de origen indispensable para llevar adelante la transición democrática y emprender la reconstrucción nacional.

    La implementación inmediata de estas dos medidas generará un marco de oportunidad histórico para superar la crisis estructural que atraviesa el país.

    Restablecer el voto libre, plural y competitivo como el mecanismo legítimo de decisión popular constituye el único camino genuino para comenzar la devolución de la soberanía a los ciudadanos y legitimar el proceso de recuperación nacional. Igualmente, la canalización pacífica e institucional del conflicto ofrece una vía democrática para gestionar las diferencias, asegurar la estabilización política, económica y social, y sentar las bases de un desarrollo humano sostenible.

    Esta propuesta no busca la exclusión ni la revancha, sino articular un espacio institucional donde converjan las distintas fuerzas políticas y sociales en torno al interés superior de la nación.

    Ello activará dos dinámicas paralelas e imprescindibles. O sea, un proceso democratizador genuino entre todos los cubanos, tanto en la Isla como en la diáspora; y la apertura de un marco de relaciones entre Cuba y la comunidad internacional, de manera muy particular con Estados Unidos -actor clave vinculado históricamente al conflicto-, lo que permitirá el levantamiento de sanciones, la atracción de inversiones y el respaldo financiero y diplomático necesario para la reconstrucción del país.

    Cabe destacar que el restablecimiento del voto libre, plural y competitivo fue propuesto por “Cuba Próxima” y desarrollado posteriormente junto al CTDC en el documento Cuba: la urgencia de una solución. Esta propuesta integra una hoja de ruta orientada a estabilizar el país y crear condiciones efectivas para la apertura democrática a través de esos dos procesos paralelos. Lamentablemente, el régimen cubano persiste en ignorar cualquier diálogo o negociación con la sociedad civil, apostando en su lugar por un proceso opaco con intereses oligárquicos. De no integrarse de inmediato en una negociación política nacional, este esquema opaco terminará de hipotecar definitivamente el futuro de la nación.

    El conflicto cubano no puede ser una condena perpetua. Salvar al país exige altura de miras, coraje político y voluntad real de poner fin al padecimiento del pueblo.

    Desde “Cuba Próxima” hacemos un llamado urgente al gobierno actual, a las fuerzas de la oposición, a los actores de la sociedad civil y a los gobiernos democráticos del mundo -con especial énfasis en la administración de Estados Unidos- para respaldar esta ruta de paz, democracia y estabilidad.

    Es hora de detener el agotamiento de la nación y dar paso a la Cuba próspera, democrática e inclusiva que todos nos debemos.

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    Centro de Acción Política

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    Comentarios

    1. Como hacemos para apoyar o exigir todo eso sin que vengan a detenernos y sin ser sentenciados a varios años de carcel por incitacion a delinquir, conspiracion para cambiar el orden institucional, desacreditar a figuras del gobierno (todas), etc.? Como hacemos?

    2. Con el perdón de todos y con la idea de que no me encacillen como “ultra anticastrista”, despué de 68 años de represion, crueldades, humillaciones y poner a Cuba por casi 7 decadas al borde de la apocalipsis “criolla”, despues de inventar cualquier tipo de surterfugios, planes, etc, Afirmo y -creo que es la idea de todos-, ya Cuba no puede más.
      La siguiente filosofia impera en Cuba desde hace 69 años implantada a sangre y fuego contra viento y marea y se arraigó tanto en Cuba que es parte del ADN de cada cubano, Castro dijo:” Si vas a conquistar un país, destruye la dignidad del ser humano y acaba la economia de la nación, al pueblo mantelo pobre, ignorante, engañado, dependiente y ocupado en buscar que comer”.
      Cuba es una de las demostraciones más brutales de cómo un sistema puede destruir lentamente no solo un país, sino la estructura interior del ser humano.
      Porque lo verdaderamente aterrador de la tragedia cubana no es la pobreza. La pobreza existe en muchos lugares. Tampoco son los apagones, ni las ruinas, ni las colas infinitas, ni el hambre crónica, ni el éxodo masivo. Todo eso son síntomas. La enfermedad real está mucho más abajo, en una zona más oscura y más difícil de reconstruir: la demolición progresiva de la conciencia colectiva.
      A Cuba no la quebraron de golpe. La cocinaron lentamente durante décadas hasta convertir la degradación en forma de vida.
      Ese fue el verdadero laboratorio.
      Un ser humano puede soportar hambre, puede soportar represión, puede soportar incluso miedo. Lo que termina destruyéndolo es vivir demasiado tiempo dentro de la humillación cotidiana. Porque la humillación constante altera la psicología. Deforma la conducta, pudre el carácter. Convierte la supervivencia en única prioridad y reduce toda la existencia a un estado animal, inmediato, desesperado.
      Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
      Generaciones enteras crecieron aprendiendo que la verdad era peligrosa, que pensar demasiado era riesgoso y que la honestidad casi nunca servía para sobrevivir. Aprendieron a doblarse antes que romperse. A fingir antes que confrontar. A robar antes que confiar en el salario. A callar antes que asumir consecuencias.
      Eso produce algo devastador: una sociedad donde la mentira deja de ser una excepción moral y se convierte en atmósfera.
      En Cuba casi todo el mundo finge algo.
      El ciudadano finge que cree.
      El Estado finge que funciona.
      El trabajador finge que trabaja.
      Las instituciones fingen legitimidad.
      La propaganda finge épica.
      Y mientras todos representan esa obra agotada y grotesca, el país entero se descompone debajo del escenario.
      Ahí aparece la verdadera semejanza con Gomorra y Sodoma: no como metáfora religiosa barata, sino como imagen de sociedades donde la degradación se volvió sistémica y terminó contaminando la sensibilidad moral completa. Lugares donde el deterioro fue tan prolongado que la gente dejó de reaccionar frente a la podredumbre.
      Ese es el punto más bajo al que puede llegar una nación: cuando pierde la capacidad de escandalizarse de su propia miseria, porque la costumbre es más destructiva que el terror.
      El terror al menos provoca resistencia.
      La costumbre anestesia.
      Y Cuba está anestesiada.
      Anestesiada frente a la violencia.
      Frente a la vulgaridad.
      Frente a la destrucción urbana.
      Frente a la fuga masiva de sus hijos.
      Frente al colapso moral.
      Frente al hecho monstruoso de que sobrevivir haya reemplazado completamente a vivir.
      El daño más profundo del sistema cubano no fue económico ni político. Fue antropológico. Produjo un tipo de ser humano emocionalmente agotado, entrenado para la escasez, habituado a la doble moral y psicológicamente condicionado para desconfiar de todo y de todos.
      Porque cuando un pueblo pasa décadas enteras dependiendo del favor, del miedo y de la simulación, la dignidad deja de funcionar como valor práctico. Y cuando la dignidad deja de tener utilidad social, comienza la desintegración espiritual de una nación.
      Eso explica muchas cosas que desde fuera no se entienden. Explica la apatía, explica el cinismo feroz, explica la agresividad cotidiana, explica por qué tanta gente parece emocionalmente rota. Explica incluso la vulgaridad creciente: sociedades sometidas demasiado tiempo al deterioro terminan perdiendo refinamiento emocional porque toda la energía psíquica queda absorbida por la supervivencia.
      La miseria prolongada embrutece.
      Y no hay nada más peligroso que un país donde el embrutecimiento se convierte en política de Estado.
      Por eso el problema cubano ya no parece resoluble mediante reformas graduales. Hay estructuras tan profundamente corrompidas que reformarlas equivale a mantenerlas respirando artificialmente mientras siguen contaminando todo alrededor.
      Cuba da la impresión de ser exactamente eso: un cuerpo histórico gangrenado.
      Y la gangrena no se negocia.
      No se maquilla.
      No se administra.
      Se corta.
      Porque llega un punto donde conservar ciertas estructuras deja de ser prudencia y empieza a convertirse en cobardía colectiva.
      Quizás la verdad más incómoda sea esta: Cuba necesita atravesar una destrucción total de sus mitologías, de sus mecanismos de control, de su cultura del miedo, de su lenguaje falsificado y hasta de muchas deformaciones psicológicas aprendidas durante generaciones. No para destruir por odio, sino porque hay ruinas que ya no pueden seguir habitándose sin terminar destruyendo a quienes permanecen dentro.
      Hace tiempo que el país dejó de producir ciudadanos. Produce agotamiento humano.
      Y sin embargo, precisamente ahí, en el fondo más oscuro de la degradación, aparece una posibilidad terrible pero necesaria: cuando una sociedad pierde absolutamente todo, también pierde muchas de las ilusiones que impedían transformarla.
      El ave fénix no renace porque conserve algo intacto. Renace porque el fuego consumió hasta el último resto de lo que era.
      Tal vez Cuba esté acercándose a ese punto final donde ya no quede nada que reformar, nada que maquillar, nada que sostener… excepto la necesidad brutal de empezar de nuevo sobre las cenizas.

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